Morelia, Mich. | César Cabrera/AcueductoOnline.- Al interior del Mercado de Dulces se encuentra “La Tropical”. Este local, propiedad de don Emeterio Paredes, es de visita obligatoria para poder conocer, comprar y degustar de los tradicionales dulces michoacanos.
“Son 53 años de funcionamiento, toda una tradición”, afirma don Emeterio, quien se toma unos minutos para platicar con nosotros. De edad avanzada, cercana a los 70 años, el hombre que viste de pantalón gris y camisa blanca con vivos de colores, recuerda los orígenes de su negocio.
“Los primeros años fueron tristes, no había venta, estaba cerrado todo y no había promoción del gobierno”, comenta. Aquellos años de la década de los setentas fueron difíciles no solo para su negocio, sino para la zona en general, pues “la gente no sabía que había un Mercado de Dulces”, reitera.


Don Emeterio, con visible muestra de orgullo, comparte que con el paso de los años, “La Tropical” se fue abriendo un espacio en el gusto de la gente. Son generaciones las que han pasado por el local, que ahora atiende junto con su hija.
Aquí, según sus cálculos, hay más de 80 clases de dulces, que van desde los típicos ates y morelianas, hasta las obleas, chongos zamoranos, tamarindos, cacahuates, paletas de caramelo y cocadas -por citar algunos- además de vender también bebidas como rompopes, charanda, crema de mezcal y “todo lo demás que nos permite el gobierno”, dice.
Como a todo el sector comercial, la contingencia sanitaria mermó en la operatividad de su negocio y, por ende, de sus finanzas. La pandemia obligó a don Emeterio bajar las cortinas de “La Tropical” durante tres meses y, después, reabrir de manera paulatina.


“La gente no venía. Todavía mucha gente viene con temor; aquí (en el Mercado), nomás se murió una persona”, asegura.
No obstante, periodos como la pasada temporada vacacional permiten mejorar sus ventas y, poco a poco, retomar el nivel que se mantenía previo al covid-19. Para este año, según don Emeterio, “vino bastante gente, más que el año pasado”.
El hombre mayor, que porta una boina y se apoya de unos lentes para mejorar su visión, se despide agradeciendo la preferencia que ha gozado su establecimiento por más de cinco décadas, haciendo de “La Tropical” una tradición.
“Son varias generaciones que crecen, vienen y compran sin dudar”, expresa por último.





