Morelia, Mich./Xana Zamudio.- «Te llevo para que veas cómo están los problemas en este país y no nomás andes de «niña bonita», una madre le dice a su hija mientras viajan en la ruta del colectivo coral 1 rumbo a Las Tarascas.
Ella porta una bufanda morada que le llega hasta la cintura. «Pero, mamá, yo no llevo nada morado como tú», dice en todo enfadado la niña mientras observa por la ventana hacia la Plaza Valladolid donde un pequeño círculo de mujeres parece dirigirse hacia el punto de reunión de la marcha.
Piden la parada tres cuadras antes del destino, a esas alturas el tráfico ya se siente agitado desde Bartolomé de las Casas. Decido seguir su ejemplo y me dirijo hacia la entrada de la Calzada Fray Antonio comando.
Apenas piso la Avenida Madero, varias mujeres ya se encuentran acomodándo sus paliacates en manos, cuello y cabeza. Espero a que el semáforo me dé el «siga», cruzo y, acto seguido, me incorporo a la Calzada.
Son las 4:45 de la tarde y el punto de reunión ya está lleno, llenísimo. Zapatos rojos, grandes y pequeños, se encuentran en el piso apenas a unos metros de la entrada principal de la Calzada. La mayoría de la gente camina alrededor de ellos, otros se detienen a observar.
Hago una pausa y miro para mis adentros. Me estremezco y pienso en mi hermana y mi madre. «que nunca nos pase, que no le pase a nadie», pienso mientras avanzo hacia los contingentes que ya se están preparando.
«La maternidad será deseada o no será», se lee en un pañuelo gigante de color verde tendiendo en el piso en favor del aborto legal, seguro y gratuito.

Fotografía: Xana Zamudio
Avanzo entre la multitud, una pequeña niña en compañía de su madre sostiene su propia consigna, «mi mamá me quiere viva», y, con letras más pequeñas se lee, «y yo a ella», .
Un grupo de mujeres y hombres sentados entre pequeños papeles y pintura colorada, preparan también sus lemas, «no más sangre» y «soy hombre y estoy con ellas», dicen algunas.
Apresuro el paso hacia la Plaza Morelos donde los contingentes están siendo organizados; mujeres, niños y niñas menores de doce años van al frente, son cientos de féminas que se incorporan y desde ya empiezan a enunciar algunas consignas, «ni una menos, vivas nos queremos», se escucha alto y contundente.
El frente ya está listo en la Avenida Acueducto, la asamblea 8M lo encabeza y dirige a las demás rumbo a las Tarascas, dan sus primeros pasos enunciando, «escucha, hermana, si te pega, no te ama», «escucha, hermana, si te pega, no te ama«, repiten todas.
Al llegar a las Tarascas, el rojo ya se deja ver entro sus chorros de agua de la fuente y una manta verde comienza a ondearse, «Aborto legal«, dice mientras tres mujeres con capuchas bajan con el agua hasta la cintura por la fuente.

El primer contingente ha llegado a la Madero y se abren entre los dos carriles. A lo lejos ya se escucha la batucada feminista acercarse mientras mujeres saltan entonando, «la que no brinque es macho», «la que no brinque es macho».
También hay espectadores, los transeúntes de las banquetas se detienen a mirar y graban desde sus celulares. Un hombre se recarga en una puerta vieja y mira sin expresión alguna mientras un par de mujeres sitúan una imagen de Nilda Rosario en la pared de la Avenida.
«Yo lo que quiero es que arda todo«, dice una de las cartulinas de una mujer en cinta mientras camina con paso firme.
Cuatro cuadras adelante, en el Templo de Las Monjas, se visualiza un grupo de gente, hombres y mujeres tomados de la mano mientras se escucha, «perdóna nuestra ofensas como también nosotros perdonámos a los que nos ofenden».
Con pañuelos azules y rosario en mano, una mujer se arrodilla frente al contingente y sigue orando, «no nos dejes caer y librános de todo mal».
Hay quienes sólo miran y se van de paso, otras se detienen y elevan la voz de su consigna, «hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal«, mientras una mujer grita a una de las monjas presentes, «nosotras no somos el diablo, parece que ustedes sí».
Busco la parte más alta donde pueda situarme. Volteo y veo las ventanas del Vips como eperando que trepe. Lo hago, me sostengo de las rejas, y ya arriba, miro una cantidad increible de mujeres marchando, cientos, «¿Dónde están los contadores de INEGI en estos momentos?», me digo.
Las campanas comienzan a sonar y el contingente ya se encuentra a las afueras de Palacio de Gobierno. Algunas siguen hasta la altura del hotel Alameda. Otras se detienen a la altura de la Plaza Melchor Ocampo.
De pronto, se empieza a llamar al silencio mientras los puños se elevan al cielo. De a poco, comienzan a arrodillarse cada una de las mujeres presentes mientras el megáfono puntualiza la voz de una mujer exigiendo justicia por las víctimas de feminicidio y presentación con vida por las desaparecidas.
Ingrid Escamilla, Fátima y Nilda Rosario son algunos de los nombres que se escuchan. «Exigimos justicia y seguridad, nos están matando», se escucha una voz a lo lejos.

Trabajo digno y reducción a la brecha salarial, el reconocimiento al trabajo laboral no pagado y derecho a sindicalización salarios justos son algunas de las demandas al estado que además se enuncian.
Un ataúd con letras negras que anuncia la muerte del Patriarcado se ve acercarse mientras se abre paso entre la muchedumbre. «El estado opresor es un macho violador, el estado opresor es un macho violador», gritan alrededor del féretro.
La batucada toma fuerza entre los cantos y saltos eufóricos de las mujeres presentes. Algunas se sueltan el cabello y comienzan a danzar alrededor de los tambores.
Un atardecer naranja las ve reír sin consentimiento y se convierten de pronto es una sola voz, en un solo canto: «Alerta, alerta, alerta al que camina, la lucha feminista por América Latina. Y tiemblen, y tiemblen los machistas que América Latina será toda feminista»





