“La mayoría están muertos»


Morelia, Mich./Xana Zamudio.- A sus 30 años de edad el escribano inició su oficio, sin imaginar que viviría para ver pasar 40 otoños desde la silla que elige todas las mañanas al lado del puesto de comida en la plaza gastronómica del Templo de San Agustín.


De camisa de vestir, una chamarra desgastada y pantalón negro, a José María se le ve llegar con su máquina de escribir color verde. Con ademán cotidiano, la coloca sobre la lengua del puesto, para posteriormente sentarse y esperar.


Esperar ha sido su labor principal en los últimos diez años, pues el avance tecnológico que incluye el uso de computadoras, cada vez más común, ha traído consigo el abandono de los oficios de la escritura; de amanuenses a escribanos, y de escribanos a cibernautas.


De lunes a viernes, como quien no gusta perder las costumbres, el escribano dice no atender después de la una de la tarde, aunque haya poco trabajo.
“Antes había más personas como yo aquí en este lugar, pero la mayoría están muertos”, dice señalando el lado de los puestos de la calle Abasolo que ahora ocupan el lugar.


“Yo estudiaba para médico veterinario y me quedé en segundo en la michoacana, luego me fui al tecnológico, ahí aprendí a escribir a máquina en ingeniería eléctrica por los trabajos que me pedían, después, pues ya me ve”.


Sin que su objetivo haya sido formarse entre las teclas de la máquina, las necesidades que demandaba la familia que comenzó con su entonces esposa y su hijo pequeño, lo llevó a tomar la disciplina que requiere ser escribano; la de saber escribir y escuchar.


“La vida misma, sin mucho rollo, le da a uno cosas. En este oficio se aprende mucho y a la vez nada, es con la gente con la que se aprende, la que tiene diferentes criterios, cuando a uno le cuentan uno al redactar una carta o un oficio, aunque ahora ya no tanto, ya no tanto…”.