Morelia, Mich. / Nancy V. Herrejon.- Pobreza, sin internet, sin alternativas de educación y a expensas de la suerte; es así como la llamada Generación Confinada transita la emergencia sanitaria; estos son estudiantes de bachillerato y universidad que viven la discriminación por ser excluidos del sistema educativo.
Cerca de 32 millones de mexicanos no tienen internet en casa, para dimensionar ello, podríamos imaginar que es equiparable a llenar 363 veces el Estadio Azteca. Sólo 15 de cada 100 habitantes posee acceso a internet fijo, esto a nivel mundial.
La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares también arroja que el año pasado, la proporción de hogares que disponen de computadora registró un descenso, de pasar al 45% de la población al 44%.
15 % del total de los usuarios de internet está entre los 12 y 17 años de edad, justo la edad en la que se estudia el bachillerato, y un 16% se ubica entre los 18 a 24 años, cuando se ingresa a la universidad.
Por ejemplo, en Tecoanapa Guerrero, los estudiantes tienen dos alternativas: volver al campo o enrolarse al Ejército; teniendo en cuenta que estos estudiantes están casi por finalizar sus estudios, el futuro de por si incierto es desesperanzador.
Mientras que en la Ciudad de México, los adolescentes buscan conectarse a una red gratuita para continuar las clases en línea, la misión aquí, es que la red no se sature.
En Tecoanapa Guerrero, seguir las clases en línea es imposible, sólo existen dos cafés internet con computadoras que trabajan no lento, sino lentísimo; en este sitio, ni el 10% de los alumnos cuenta con teléfono celular.
Huamuchapa es una localidad perteneciente a Tecoanapa, ahí 200 alumnos estudian en un bachillerato tecnológico que no cuenta con instalaciones adecuadas, puesto que ni siquiera tiene paredes.
Este bachillerato es el Centro de Educación Tecnológica Agropecuaria, las clases que ahí se imparten van desde la bioquímica hasta el lenguaje, 12 profesores fungen como maestros y a parte a tienden las labores administrativas de la institución; ahí es profesor Iván Chávez.
Iván, en entrevista especial para el portal Animal Político, explicó que hay diferencias abismales entre un alumno citadino y uno que vive en el campo.
Expresó que las primeras diferencias radican en que el alumno citadino busca ingresar a instituciones como la UNAM o el Politécnico, mientras que para los jóvenes de Tecoanapa las opciones se reducen a entrar a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa o enlistarse al Ejército.
Iván da clases a 42 estudiantes, de estos sólo 3 han logrado cumplir con la totalidad de tareas a través de internet, el resto, se pondrá al corriente ya que termine la pandemia.
Iván expone que hay jóvenes el bachillerato que para sorpresa de mucho no saben ni leer ni escribir, expuso que esto se debe a que el sistema educativo en las comunidades es muy laxo, en estas condiciones, el estudiante pasa de año, con la sola condición de cumplir con la asistencia a clases, de lado queda el aprendizaje.
“A pocos les importa realmente aprender. No le ven utilidad”, mencionó Iván, quien agregó que perder a un estudiante en la región es perderlo para siempre; a lo que suma el machismo tan arraigado en la comunidad, este limita a las mujeres a explotar su potencial como profesionista, ya que muchas elegirán casarse y tener hijos, olvidando su preparación académica.
Iván ha tenido que enviar sus tareas por WhatsApp , a su vez, los alumnos las reparten con el resto de los compañeros, el método ha funcionado por el momento; más la señal en Tecoanapa es débil, Iván busca formas nuevas para que sus alumnos puedan aprender. “ La vocación no lo es todo” dice un triste profesor.
Con información de Animal Político





