Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- La vista de Michoacán, desde sus ojos, se convierte en la huella del presente, aunque su cámara captura los momentos de su ahora, es su visión y edición lo que le dan forma a las obras de arte que crea.
José Luis Manríquez, fotógrafo emergente, no tuvo este cariño por las imágenes desde siempre, de hecho, la fotografía funcionó como una herramienta para su trabajo dentro de la gastronomía.
«Siempre tuve esos talentos visuales, artísticos, de manualidades, dibujo, más enfocado en lo visual. Tenía la característica en la cocina de siempre emplatar mis platillos de una manera artística, yo tenía que ver la manera de que, todo ese gran trabajo de haber cocinado ese platillo, de haberlo presentado de esa manera, quedara plasmado… así inicié en la foto».
Una vez fotografiando sus platillos, José Luis comenzó a tomar cariño por editar sus fotos, lo que lo hizo adentrarse más al mundo de esa labor.
José dio un salto repentino, durante la pandemia cerró su ciclo como chef y decidió entrar de lleno al mundo fotográfico, así que comenzó a retratar paisajes, primeramente, de Morelia.
Aunque era una promesa dentro de la gastronomía por su gran currículum y los diversos premios que le otorgaron, las vistas de Morelia comenzaron a envolverlo más y más dentro de la foto, pasó de ser un hobby a un trabajo normal, y aún con ganas de seguir retratando momentos, decidió emprender viajes a municipios de Michoacán.



— ¿Qué fue lo que te llamó a las fotos de paisajes?
— Comencé a ver la cotidianeidad de la vida, empecé a ver a valorar un poco más la ciudad en donde estaba… era como empezar a ver esos pequeños detalles que antes no veía… empezaba a ver cómo funcionaba la gente, cómo era, cómo vestía. Un fotógrafo como yo pues, encapsulamos momentos que capsulan arquitectura, clima, modo de vestir la gente en ese momento, lo que está viendo, lo que está pasando… al final de cuentas, estoy contribuyendo a la memoria visual de Morelia…
José retrata la belleza de su cotidiano y edita sus obras de una manera tan peculiar que cualquiera puede identificar una fotografía suya pues, a través de la saturación de los colores, intenta enaltecer la belleza de aquello que ve.
Cuando José viaja por algún proyecto intenta entrar a los lugares como alguien ajeno pues, en sus palabras, ni todos admiran la belleza de lo que tienen en frente porque se les hace común, así que parte de su trabajo también es hacernos ver la maravilla que los paisajes nos regalan.
— Cuando haces viajes para tomar fotos, ¿llegas como turista?
— Las colecciones que trabajo fotográfica mente lo que he tratado es de llegar como alguien ajeno o exterior al lugar con la intención de, sí dar a conocer lo que tienen, pero, a la misma vez, que los mismos pobladores vean aquello que no ven y lo tienen… yo llego buscando lo inusual…
Sus imágenes funcionan no solo para decorar una red social, sino para formar parte de la historia de Michoacán, retratando el presente que no muchos aprecian y que es igual de hermoso que las grandes obras canónicas.
Su trabajo no se ha quedado dentro de lo digital, José apostó por revelar e imprimir sus imágenes en formato de cuadro, lo cual le ha ayudado a solventarse a él y a sus proyectos. Mayormente, los que le compran, son personas que tuvieron que perseguir el sueño americano y ya nunca volvieron a su tierra.
José Luis, quien platicaba mientras iba a tomándose de a poco su café frío, me contó que la mayoría de sus obras se van fuera del país, mayormente porque los michoacanos no ven al arte como una inversión.
Fotógrafo urbano paisajista, de Apatzingán, pero radicando en confiesa que es de esas personas que “quiere generar un impacto positivo dentro de todo lo negativo que hay en el estado, y más yo que vengo de una ciudad tan golpeada y tan tocada por la delincuencia, me ha tocado vivir en situaciones muy difíciles de violencia en la ciudad, y creo que trato de darle otra vista…”.







