“Hubiera terminado muerta o desaparecida”

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Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Era una persona realmente desconocida, nunca la había visto, nos reunimos en un punto, pasó por mí y mi amiga, nos llevó a un lugar donde no había señal. Ahí, unos hombres no recibieron y nos llevaron al otro punto donde estaba el señor con quien yo iba”

Alejandra es su nombre, una joven michoacana de apenas 21 años de edad, pero de vivencias duras desde la infancia que marcaran la carencia económica de una familia numerosa, un padre sin empleo y el refugio en el alcohol que la llevara a prostituirse y, posteriormente, a ser víctima de explotación sexual.

“Como a los 15 años, iba a ser madrina de una quinceañera, y no tenía dinero, entonces tuve que localizar a una madrota para que me consiguiera uno hombre y tener el dinero. La localicé por una amiga, ella anteriormente ya me la había mencionado, y, en la desesperación, tuve que buscarla, y la localicé”.

“Me puse de acuerdo con ella. Luego unos hombres nos llevaron a un lugar donde no había señal, había un río. Tuvimos que esperar al señor, empecé a tomar alcohol para agarrar valor, después llegó y había armas. En esos momentos ya no pude hacerme para atrás. Tenía mucho miedo a decir que no porque sabía que me iba a pasar algo”.

Fue entre los 15 y 17 años que Alejandra recurrió a la prostitución como una forma de sobrevivencia, pero, además, los y las proxenetas fueron quienes acordaban el trato de una menor de edad con, en su mayoría, integrantes de la delincuencia organizada.

“A los 17 años, mis papás buscaron la forma de ayudarme. Me internaron en una clínica de rehabilitación y, el día de hoy, ya tengo cuatro años sin ninguna sustancia”.

Alejandra, actualmente se encuentra recibiendo atención en un refugio especializado, al que llegó derivado del trabajo que realiza la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo de las Mujeres (Seimujer) con instituciones privadas.

“Tengo una relación bien con mi familia, puedo hablar con mis padres, puedo darles un abrazo, y sé que el día de hoy pues no están preocupados por donde estoy, y me siento bien, porque ya no lo veía hoy, lo más probable era que terminara muerta o desaparecida por el ambiente donde estaba”.

“Muchas de las veces se cree que es la salida más fácil, pero es alto el precio que a veces se tiene que pagar. Muchas veces con la vida, por exponerte a ti, a tu familia, y pues no es la mejor salida. Llegué a enterarme de compañeras que desaparecían, las secuestraban por un tiempo, después aparecían golpeadas y el maltrato, los insultos…”