“Hermoso, especialmente el jardín”.

Foto: Vianey Cervantes

Morelia/Vianey Cervantes

Lo que antes fue el convento del Templo de San Agustín, es hoy y desde 1965, el museo llamado La Casa Natal de Morelos, que día a día abre sus puertas, de 9 am a 08:00 pm a estudiantes, niños y adultos, a mexicanos y extranjeros.

En el museo, que, según los registros, recibe más turistas extranjeros y grupos escolares que ciudadanos morelianos, también se llena mayormente los domingos, el día familiar por excelencia.

Entre los pocos visitantes que llegan al museo entre semana, destaca una adolescente con el uniforme de la preparatoria “Melchor Ocampo”; destaca porque camina sola con su mochila negra, y mientras toma agua de paletería, mira las paredes y parece admirar las pinturas.

Me acercó a ella y se muestra sonriente pero tímida, le preguntó sobre su nombre, a lo que responde llamarse Montserrat Gómez Vanegas, “vine porque salí temprano de la escuela, compré mi agua en la esquina de atrás y cuando pase por aquí quise entrar”, caminamos juntas a la siguiente sala, cruzando por el patio principal.

“Hace unos días fue el acto en la prepa por su muerte, y mi maestra de historia nos dejó un trabajo, ya lo entregué pero quise aprovechar para saber más, es una parte que tengo cercana y que realmente nunca había notado”, es su respuesta cuando le pregunto sus razones para estar ahí.

El sol es fuerte, pero la cantera enfría el clima y las chamarras no sobran; Monse termina su agua, la cual me dijo, es de piña colada, no hay botes de basura dentro del museo, al menos no a la vista, lo arruga y lo guarda en la bolsa lateral de la mochila.

Le preguntó qué conocía sobre José María Morelos, a lo que respondió que solo sabía que era llamado “Siervo de la Nación”, que por su nacimiento no había clases el 30 de septiembre y que usaba un paliacate en la cabeza, según había escuchado, “porque padecía migraña y eso le quitaba el dolor”. Además, recordaba que había escrito los Sentimientos de la Nación, aunque no los podría mencionar.

“Lo que más me gusta es saber que Morelia, aunque es una ciudad chiquita tuvo un papel fuerte en la historia, no es una ciudad más de México. Creo que el gobierno y

las escuelas deberían hacerle más promoción, o al menos que en Morelia nos demos cuenta que hay cosas como ésta escondidas a plena vista; yo de San Agustín solo conocía los puestos de comida, los elotes y los churros rellenos de chocolate”.

La visita de Monse dura poco, quizás menos de treinta minutos, se despide y se aleja, no sin antes firmar el libro de visitas, donde describe el museo como “hermoso, especialmente el jardín”.