Hasta 70% de los árboles reforestados puede morir: académicos

Hasta 70% de los árboles reforestados puede morir: académicos
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Benjamín Álvarez

Morelia, Michoacán.- Estudios académicos y evaluaciones de programas ambientales en México muestran que la cifra más importante después de una reforestación no es el número de ejemplares sembrados, sino cuántos logran sobrevivir, ya que en programas nacionales la permanencia se ubica entre 30 y 50 por ciento después de uno o dos años, mientras que en zonas urbanas la supervivencia puede reducirse a menos de 30 por ciento después de la primera temporada seca.

La campaña que anuncia miles de árboles plantados puede perder la mayoría de sus ejemplares antes de que alcancen la edad necesaria para generar sombra, disminuir temperaturas, capturar contaminantes o contribuir a la infiltración del agua.

En Morelia tras el inicio de la tala de 613 árboles en Tres Puentes para la construcción del Morebús, una intervención que generó protestas de vecinos y colectivos ambientales, mientras el gobierno estatal anunció la plantación de 20 mil árboles como medida de compensación.

El cuestionamiento ambiental se centra en una pregunta: ¿cuántos de esos nuevos árboles lograrán sobrevivir y recuperar los beneficios ambientales que proporcionaban los ejemplares retirados?

Investigaciones de los académicos Carlos Vázquez Yanes y Alma Orozco Segovia, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sobre regeneración vegetal y establecimiento de especies leñosas, señalan que los primeros meses después de una plantación son la etapa más vulnerable para los árboles jóvenes.

Sus estudios explican que el estrés hídrico, la falta de adaptación al lugar donde son sembrados y las condiciones limitadas para el crecimiento de las raíces son factores que provocan pérdidas tempranas de ejemplares.

En México, las evaluaciones realizadas por la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y la Universidad Autónoma Chapingo, mediante seguimientos al Programa Nacional de Reforestación (PRONARE) y ProÁrbol, reportan que la supervivencia promedio de los árboles plantados después de uno o dos años se encuentra entre 30 y 50 por ciento.

La cifra representa que, en algunos casos, hasta siete de cada 10 árboles plantados no logran establecerse y mueren antes de integrarse al entorno donde fueron colocados.

En ciudades, el problema aumenta por las condiciones del espacio urbano. El pavimento, las altas temperaturas, la falta de humedad y la reducción del espacio para raíces convierten las primeras temporadas secas en una prueba crítica para los árboles jóvenes.

Investigaciones de Alicia Chacalo Hilú, Alejandro Aldama Ojeda y Jaime Grabinsky Steider, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), sobre el arbolado de la Zona Metropolitana del Valle de México, han identificado que la falta de planeación urbana, la selección incorrecta de especies y las condiciones físicas del lugar afectan el desarrollo del arbolado.

Por su parte, los trabajos de Daniel Rivas Torres, de la Universidad Autónoma Chapingo, sobre manejo del arbolado urbano, señalan la importancia de elegir especies adecuadas y considerar el espacio disponible para que los árboles puedan desarrollarse.

Los estudios coinciden en que el día de la plantación no representa el éxito de una reforestación. Después de colocar un árbol inicia la etapa donde requiere riego, mantenimiento, protección y seguimiento para evitar que muera antes de alcanzar su función ambiental.

Un árbol joven no sustituye de inmediato a un ejemplar adulto. La capacidad para generar sombra, reducir la temperatura urbana y capturar contaminantes depende del crecimiento de su copa y del tiempo que permanezca vivo.

En Morelia, la tesis de licenciatura “Calidad de sitio en espacios verdes urbanos de la ciudad de Morelia, Michoacán”, elaborada por Diana Sarai Santillán Gaona en la UNAM en 2024, documenta las condiciones actuales del arbolado urbano y los factores que pueden afectar la permanencia de nuevas plantaciones.

El estudio señala que la ciudad cuenta con 797 mil 773 habitantes y una superficie urbana de 97.13 kilómetros cuadrados, pero las áreas verdes representan únicamente 5 por ciento del territorio urbano.

La investigación, que retoma datos de Bollo Manent et al. (2022), establece que Morelia dispone de aproximadamente 10 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, una cifra inferior a los 25 metros cuadrados por persona recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Santillán Gaona realizó un análisis mediante 92 puntos de muestreo, donde evaluó 773 árboles pertenecientes a 50 especies.

El diagnóstico encontró que una parte importante del arbolado urbano está compuesto por especies introducidas. En los camellones, donde se concentran muchos programas de plantación urbana, 57 por ciento de los árboles corresponde a tres especies exóticas: jacaranda, casuarina y eucalipto.

En las riberas del Río Chiquito, donde se localizan árboles con mayor tamaño de copa, 66 por ciento de los ejemplares dominantes pertenece a especies introducidas, principalmente ficus y ciprés italiano, además del fresno nativo.

En jardines institucionales y parques urbanos fueron identificadas hasta 25 especies, aunque 64 por ciento de los árboles corresponde a especies como casuarina y trueno, también introducidas.

La autora señala que las reforestaciones urbanas han privilegiado durante años árboles de rápido crecimiento o valor ornamental, pero no siempre especies adaptadas al ecosistema local.

Otro factor determinante es el suelo. La tesis encontró que en camellones y zonas cercanas a vialidades existen condiciones de alta compactación, con valores de entre 1.06 y 1.09 gramos por centímetro cúbico.

En esos espacios, los árboles cuentan con apenas 16.05 centímetros de espacio para desarrollar sus raíces y una humedad del suelo de 9.12 por ciento, condiciones que dificultan su supervivencia durante temporadas de calor y sequía.

En contraste, parques y jardines presentan mejores condiciones, con una humedad del suelo de 26.86 y 33.14 por ciento, respectivamente.

El estudio también detectó problemas sanitarios en el arbolado urbano, como muérdago y heno motita.

En los distintos espacios verdes analizados se encontraron entre 3.13 y 3.35 árboles afectados por cada punto de estudio.

La reducción de áreas verdes en Morelia tiene efectos directos sobre la temperatura urbana y la capacidad de infiltración del agua durante las lluvias. La pérdida de árboles adultos disminuye la sombra disponible y aumenta la presión sobre una ciudad que ya enfrenta problemas por falta de espacios permeables.

Por ello, los estudios académicos advierten que la compensación ambiental por la tala de árboles no puede medirse únicamente por la cantidad de ejemplares prometidos.

En el caso de los 20 mil árboles anunciados para compensar la tala de 613 ejemplares en Tres Puentes y hasta La Concepción, el indicador definitivo será cuántos sobreviven y qué servicios ambientales logran recuperar.

La evidencia científica concluye que una reforestación no se evalúa por la fotografía del día en que se plantan los árboles, sino años después, cuando se conoce cuántos permanecen vivos y qué beneficios reales aportan a la ciudad.