Morelia/Rebeca Hernández Marín/III y última
La corrupción entre los grupos criminales y quienes deberían ejercer o representar a la autoridad y a la ley minó la confianza de la población y propició lo que se conoce como descomposición del tejido social lo que ha permitido que los delincuentes se estén reagrupando y nuevamente peleando las plazas, advierten los investigadores Jerjes Izcoatl Aguirre Ochoa y Carlos Francisco Ortiz Paniagua.
Los académicos de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo lo definen como una falta de gobernanza del Gobierno, a raíz de esta corrupción y descomposición social en la que los jóvenes no quieren doctores o abogados, sino que quieren ser como los narcos o los criminales porque lo ven como parte de sus valores.
En ese sentido es que explican la descomposición social, de las aspiraciones sociales y, por supuesto, como consecuencia de la aguda desigualdad, de la desmedida ambición que empieza a dar la diferencia de oportunidades en una misma sociedad.
Esos altos contrastes, agregaron, llevan a que mucha gente se ponga a pensar en lo forma de llegar a ser o de querer tener, pero en una cultura no del esfuerzo prolongado y disciplinado, sino en una cultura de voy a arrebatarle al otro porque aquí no pasa nada, si yo puse al diputado o puedo poner al próximo presidente municipal.
Se trata de una cultura de delincuencia que se ve aquí en Morelia, donde se vive una cresta en delitos de orden común, robos a vehículos, robos a casa-habitación, robos a personas, robos a mano armada y eso deben atenderlo tanto el presidente municipal, Alfonso Martínez Alcázar como el gobernador Silvano Aureoles Conejo porque está comprobado en criminología que de robarse un coche con pistola a secuestrar a alguien es un paso muy chiquito, advirtieron.
En el caso de los delitos del fuero común, debe de pasar algo, debe de haber una consecuencia, no como lo que se está viendo, cada vez los índices delictivos se disparan, pero los índices de seguimiento a esos delitos, incluso los índices de culpables, de quienes están detrás de esos delitos, cada vez son menores y cuando hace 10 años eran el 10 por ciento, ahora se está en 2.3.
Esto de lo que no se está hablando y si no pasa nada, cada vez será más sencillo que esa cultura siga permeando y siga dominando y el tejido social se pueda seguir descomponiendo y es que mientras no pase nada, no hay gobierno.
En cambio, cuando pasa algo, cuando hay una consecuencia, cuando se juzga a las personas por lo que hicieron y el Sistema de Justicia empieza a tener eficacia y efectividad en ese sentido, empieza a haber resultados, en ese momento se empieza a ver una relación directa entre la mejoría de la calidad de vida, la seguridad y las oportunidades de las personas.
Desde su punto de vista lo que se requiere para cambiar la situación en el estado es el estado de derecho y la gobernanza, tener políticos transparentes, bajarle a la corrupción, subir a la calidad del gobierno e incentivar la rendición de cuentas, es la única manera de hacerlo.
Si la gente no participa y no castiga a los gobernantes, que hay muchas herramientas para hacerlo, esto va a seguir así; el problema no son las drogas, ya que siempre ha habido y van a seguir, el problema es el gobierno que permitió que esto pasara.





