Francisco Toledo, color a voces.

Morelia/Nancy Herrejón

Nació en la Ciudad de México, pero siempre se consideró juchiteco de corazón, además de ser su tierra, ahí estaban sus raíces culturales y afectivas, “uno es de donde se siente”, decía entre risas espumosas. En cuarto de primaria, ganó un concurso de dibujo con un retrato de Benito Juárez, desde entonces se hizo patente su facilidad para dibujar, su sino estaba trazado.

Francisco Toledo, el “brujo de Juchitán” ha trascendido, sin embargo, vivió lo que pocos han podido, ser una leyenda en vida. Cual Noé místico y juchiteco, sus blancas barbas escondiendo colores y sus ojos anidando voces se le veía en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) siempre de pie, no le gustaba sentarse “Que se sienten los viejitos decía”.

En diciembre de 2017 la revista Forbes lo declaró “el artista vivo más importante de México”, en la portada, un Toledo enigmático, taciturno y fuerte, con un fondo oscuro resalta su figura de brujo místico y colorido, sencillo como siempre, mirando hacia adelante, y entonces todos voltean a verlo cuando él siempre ha estado ahí.

Gildardo Noble, artista multidisciplinario y activista social, evoca y adolece a Toledo así: “El imaginario de Toledo era mágico y muy propio de él, pero artistas mágicos hay muchos. El vacío más grande que deja es su profunda sensibilidad por las causas justas y su congruencia con el valor humano.

Cabal como hombre libre, generoso, artista. La orfandad de esto carga el mundo” , que verdad es esta, no sólo se va el hombre de los animales fantásticos y los seres amorfos destruyendo líneas clásicas en sus manos, se va el hombre que pensó en los demás, el hombre que regalo tanto a cambio de nada. ¿Después de Toledo quién?… sí, no hay respuesta para estos silencios.

Pedro Miguel, periodista del periódico La Jornada lo enmarca en tres conceptos breves pero inmensos, y a los que el maestro entregó sus días por completo: “Luminoso. Solidario. Dador de vida”, y es que el maestro se convirtió en la materialización propia de la utopía, su visión humanitaria y humana dan esperanza a tantos que sueñan con seguir ese camino.

Más allá de su legado artístico que cuenta con un aproximado de 7 mil obras, expuestas en los más importantes museos, su otro legado retumba fuerte, son ecos que se levantan desde las calles oaxaqueñas en el hilo serpentina del viento papalote, sus huellas marcan el largo camino del mago pintor, del hombre dibujante; es evidente que la muerte del maestro Francisco Toledo nos invita a redescubrir su obra gráfica, a comulgar con sus ideales y su defensa por el único hogar que nunca debimos ofender: la naturaleza, a no ser ciegos ni mudos ante el dolor de los demás, a gritar ¡¿Dónde están?! a dar de ti sin esperar nada a cambio.

Con el maestro se va el más claro ejemplo del compromiso gigante que significa ser hombre, y esas voces que no todos pueden escuchar.