Enrique Castro/ Acueducto Online
La primaria José Vasconcelos se ubica en Villas del Pedregal y en esta temporada invernal los alumnos entran media hora más tarde por el frio; por las calles del fraccionamiento se observan como son llevados por sus papás, pero, todos estudian en la misma escuela pero no todos llegan al mismo lugar; hay tres diferentes sedes de esta escuela que es conocida como “la escuela de las casitas”, ya que la institución no cuenta con infraestructura, es decir, no tienen aulas o alguna construcción y desde el 2014 opera en casas de interés social.

Ahora, las tres sedes son una cancha de basquetbol donde hay 6 aulas móviles, un par de casas en renta y 4 locales comerciales. Cada sede tiene su historia: En diciembre del 2017, colonos, maestros y alumnos decidieron protestar en la carretera justo afuera del fraccionamiento, cerraron un carril al tránsito vehicular y exigían aulas; el secretario de educación en el estado, Alberto Frutis llegó al lugar y entregó 6 aulas móviles provisionales y dejó la promesa de la construcción de la escuela.

El par de casas donde se reciben clases son de las que iniciaron. Solo que ahora una funcionará como biblioteca y la dirección de la escuela, se encuentra en el proceso de cambio de aula a oficinas. Los 4 negocios comerciales son de la constructora Herso (empresa encargada de la edificación de Villas del Pedregal) y están en una especie de “comodato” hacia la escuela.

En la cancha de basquetbol, se ubican seis especies de contenedores, donde reciben clases 6 grupos; ahora son aulas móviles y son como remolques adaptados; dentro de ellos el espacio es reducido pero limpio, el clima dentro es voluble dependiendo el calor o el frio que haga afuera. Los baños son portátiles y la zona de estas aulas se encuentra recién cercada en su alrededor. Colinda con casas por un lado y con lotes baldíos por un flanco y detrás, según Odín García, encargado del orden de la cuarta etapa de Villas del pedregal, esta zona trasera es una conexión con otro fraccionamiento y en días anteriores un refugio para los criminales que azotan la zona; los jóvenes que ayudan a la seguridad de la zona “echan” un ojo a la vereda para vigilar que todo esté bien.

Martha Lombera es la directora de la escuela y durante el recorrido por esa parte, reclama que se tuvieron que quitar toda la maleza y limpiar el lugar ya que era un desastre total.
En la sede de los locales comerciales, el sol pega de llenó dentro de los ahora salones, por eso las cortinas de metal (identificadas y usadas para comercios o bodegas) lucen a la mitad para lograr hacer sombra dentro. Cuatro simples paredes que sirven para dar clases en donde la creatividad de cada uno de los jóvenes maestros que ahí imparten es necesaria para disuadir un poco las condiciones.

El lugar está cercado con malla ciclónica también y se encuentra justo en una esquina, a dos cuadras de la zona de las aulas móviles. Lombera, la directora, relata que las jardineras que están fuera de cada salón/local las arreglan y cuidan los niños.
En la tercera sede y la más antigua la situación es algo diferente; una casa de dos plantas luce común e igual que todas las demás. Pareciera que los inquilinos no están en casa. Al tocar la puerta un niño uniformado la abre y casi choca con un pupitre, ahí en el lugar donde debe estar la sala y el comedor hogareños, hay 23 pupitres con igual número de niños y donde deben estar colgadas las fotos de la familia luce un pizarrón y la maestra dando cátedra.

Al fondo no hay cocina, hay un escritorio y otro pupitre, ahí se sientan “los de atrás”. Una cortina sencilla cubre la ventana de los rayos del sol.
Una niña sube corriendo las estrechas escaleras que llevan al segundo piso; dos puertas cerradas se observan arriba. Una es del único baño con e que cuentan las casa; la otra puerta se abre a la mitad, ya que una mesa banco estorba. Ahí en lo que debe ser la recamara principal un profesor imparte clase y un aproximado de 15 apretados alumnos escuchan con atención. Moverse resulta algo imposible y los estudiantes lucen quietos y casi amontonados. Sin embargo, su ánimo es alto, así como su interés en el tema que el profesor les explicaba: La entrevista, la cual pusieron en práctica con los visitantes de ese día.

Ya son las 10:30hrs y es tiempo del recreo, todos los alumnos con su azul uniforme caminan por las calles del fraccionamiento acompañados de sus maestros; tomando distancia y en fila de dos. Van hacia la zona de aulas móviles, ahí sí, todos juntos juegan y desayunan en las canchas de basquetbol. Al termino del recreo, todos toman distancia de igual forma y se regresan a clase, los de los locales levantan las cortinas y los de la casa esperan a que la maestra busque las llaves y abra la puerta, como madre de 23 hijos.
Martha la directora, comparte los logros de sus alumnos, tanto académicos como deportivos. Ella le habla a Dylan, un niño de sexto año que acaba de ser aceptado en el Centro de formación de Monarcas Morelia, el equipo de primera división de la ciudad, Además informa que las mujeres jugaran una final de futbol próximamente. No hay problemas graves con ninguno de los niños: “son muy inteligentes” dice una de las maestras.

La primaria José Vasconcelos es la segunda publica en Villas del Pedregal; este fraccionamiento está considerado como el más grande de América Latina cuando se terminen las nueve etapas contempladas. Hasta el momento van cinco etapas, existen 14mil800 casas donde viven 31mil habitantes y a decir de los maestros y la gente que vie ahí, la construcción de la escuela es necesaria y urgente, la demanda es muy alta: “hay gente que se forma desde una semana antes de entregar las fichas” platica la directora. La gente busca inscribir ahí a sus hijos, sin importar que no haya instalaciones dignas.
Dentro de las cinco etapas que comprenden hasta ahora villas del Pedregal, existen 14mil 800 casas donde viven 31 mil habitantes.





