Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- En el mundo existen tradiciones que se han ido perdiendo de a poco, aunque estas pasen de generación en generación, hay algunas que no permanecen con el tiempo.
Ángela Domínguez, o doña Angelita, como sus vecinos la conocen, es una mujer de 55 años de edad que vive en la colonia Isaac Arriaga y que aún sigue barriendo afuera de su casa, pues, para ella, mantener su espacio limpio es primordial.
— ¿Por qué, después de tantos años, sigue barriendo afuera de su casa?
— Mi mamá y mi abuelita tenían la creencia de que, para traer cosas buenas a tu hogar, tienes que mantenerlo limpio. Que yo barra mi portón quiere decir que quiero que lleguen cosas buenas a mi casa; yo también tengo esa creencia y me hace feliz pensar que es así.
Doña Angelita aprendió de su madre que, mantener un lugar limpio, es sinónimo de cosas buenas: «mi mamá todas las mañanas, bien temprano, me gritaba «¡Ángela, vente a barrer». ¡A mí no me gustaba nada! Se me hacía aburrido, yo quería estar acostada en mi cama, pero mi mamá nunca dejó que me ganara la flojera. Poco a poco le fui agarrando el gusto, es bien bonito ver amanecer mientras barro, si vieras lo bonito que se siente».
— ¿Por qué cree que las nuevas generaciones ya no lo hagan
— Por flojera, ahorita por todo el centro ya hay barrenderos, pero a mí no me gusta ver mi portón sucio. He intentado enseñarle a mis hijos y ellos me dicen «¡ay no, mamá, qué flojera!». Aparte, me gustaba más barrer antes porque tenía muchas amiguitas que barrían por aquí, pero muchas de ellas se mudaron.



Aunque Morelia haya ganado el premio de La Escoba de Platino, Doña Angelita no cree que sea tan merecido: «sí pasa más seguido el camión de la basura, pero siento que solo vieron el centro y dijeron «sí, está limpio». Para ellos sólo importa lo que hay en el centro, ¡pero Morelia somos todos! ¿Ya has ido a las colonias de los lados? ¡Ve cómo están! Basura, baches, inseguridad… no creo que sea para un premio y, si sí, ¿cómo estarán las otras ciudades?».
Para doña Angelita, barrer fuera de su casa es todo un ritual que lleva su tiempo, pues, aunque no sale todos los días, los que puede, lo hace con gusto.
— ¿Usted barre todos los días?
— Uy no, a veces en la mañana me voy muy temprano con mis hijos o al mercado, no siempre tengo tiempo… pero las mañanas que tengo libres me levanto como a las 5 de la mañana para hacerme un cafecito y, después, salir a barrer. A veces parece que está limpio, como ahorita, pero como te digo, yo quiero que cosas buenas entren a mi casa.
Ella, aunque provenga de Guadalajara, Jalisco y haya llegado a Morelia para seguir estudiando, nunca dejó de barrer ni mantener limpio su hogar: «cuando entraba tardecito me ponía a barrer afuera, era bonito porque estaba doña Amanda, en paz descanse, ella se ponía su silla bien temprano mientras su hija barría, me gustaba platicar con ellas, doña Amanda tenía unas historias bien bonitas de su juventud… a veces me entretenía tanto que ni terminaba de barrer porque ya iba tarde a la escuela».
Doña Angelita no cree que está tradición perdure, pues ahora se da cuenta que ya nadie tiene esa costumbre y que, evidentemente, se está perdiendo.
— ¿Usted cree que está tradición siga?
— No, muchacha. Ahorita ya nadie sale… de aquí cerca, solo soy yo. Me salgo muy temprano siempre y ya no veo a nadie barriendo, a veces me siento loca y que han de decir «¡ay! ¿y esa por qué barre tan temprano?». Pero, pues, son mis creencias. Ya no vas a encontrar a nadie, en el centro ya hay barrenderos, en las colonias ya nadie sale, solo las viejitas muy viejas, así como yo, y quedamos muy pocas. —dijo entre risas.
Es así como doña Angelita es una de las muy pocas personas que mantiene su banqueta limpia y sigue está tradición que podría ser benéfica para la ciudad si muchos no la dejáramos morir.
— No creo que yo mantenga a Morelia limpia, yo mantengo mi casita, si más personas hicieran esto yo creo que sí habría un gran cambio, hasta siento que nos uniremos más como vecinos.





