Morelia, Mich.| Acueductoonline.- De acuerdo con el Balance Anual Redim 2020, titulado “El año de la pandemia y el abandono de la niñez en México”, el cierre de las escuelas afectó a 25.5 millones de estudiantes de educación básica y, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por mitigar los daños con la iniciativa “Aprende en casa”, 48.5 por ciento de familias reportaron dificultades para llevarla a cabo; esto por falta de una computadora o internet. Además, 1.4 millones de familias no contaban con señal de televisión digital para tomar clases por esta vía.
Ante esto, Cruz advierte que, conforme pasa el tiempo, no todas y todos los estudiantes están aprendiendo, y lo que habían aprendido puede caer en el olvido. Anticipa que habrá una pérdida en los niveles de aprendizaje, misma que será inevitable en México y en el mundo. Es por esto que algunos países ya están optando por regresar a la presencialidad en un intento por no perder los avances en los cursos.
Por otro lado, el experto en política educativa explica que uno de los sentidos de la escuela es la creación de comunidad, no solamente de aprendizajes. “En la medida que yo estoy aprendiendo [en la escuela] lo que sea, estoy socializando y constituyendo lazos y relaciones con los demás”, detalla. Este espacio crea, de acuerdo con él, un sentido de pertenencia en las niñas y niños que están en el aula, tanto con sus amigas y amigos, como con sus profesores y profesoras.
A Daniela Blanco, psicóloga y docente de educación básica, le preocupa que no se considere el tema de la socialización para niñas, niños y adolescentes desde la modalidad a distancia. Ella considera que las y los estudiantes ven en el colegio un hogar en donde aprenden a vincularse, expresar emociones, convivir y formar su personalidad. Gabriela González asegura, en cuanto a esto, que es algo que sucede en todos los niveles escolares y, ahora, con la pandemia, se ha complicado.
Stephanye Hernández Tello, asistente de maestra en una escuela burbuja con modelo Montessori, está de acuerdo con que las y los niños vuelvan a las aulas con las medidas de sanidad pertinentes debido a esta necesidad de socializar, pues “están perdiendo su vida, su experiencia y creando problemas psicológicos que van a ser muy difíciles de componer; y el gobierno ahí no va a hacerse cargo”, advierte.
Aunado a esto, la crisis económica, laboral y familiar para la niñez y adolescencia siguen, haciendo que su desarrollo académico y socioemocional empeore. “El espacio familiar, que podría ser un espacio de sostén, no lo está siendo, porque los padres y madres de familia, si perdieron su trabajo, lo están buscando y están estresados, y si tienen [trabajo], [este] se ha duplicado”, advierte Cruz. A las madres, además, se les asigna de manera desigual las labores del hogar y, con estas, el acompañamiento de las niñas y niños en sus clases.
Existe un cansancio general tanto para docentes como para alumnas y alumnos, cuenta González. Ella explica que, de acuerdo con la edad, se perciben diferentes afectaciones para sus estudiantes, mismas que, de acuerdo con su experiencia, son más evidentes en adolescentes, quienes necesitan más contacto físico, emocional y social, ya que están en una etapa en la que definen su personalidad.
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