Entre la devoción y el proselitismo

Imagen: Especial

Naranja de Tapia, Zacapu/Erick Alba

Ascensión Orihuela Bárcenas tarda mucho más en despedirse del evento en Multicentro Las Américas, en la capital del país, para asistir a este lugar, a la conmemoración luctuosa de Primo Tapia de la Cruz, el líder agrarista revolucionario y prócer local.

No son más de 250 personas las que están reunidas en la plaza, la mayoría de edad avanzada, que ofrecen una estampa inmóvil y por lo mismo extraña para esta temporada de promesas y algarabía partidista, pues los banderines están ahora tan estáticos como sus miradas y su silencio suple las porras que se supone habría.

De hecho, también es extraño que el acto iniciara sin la presencia del candidato (sigue retrasado a causa del primero en Morelia), aunque las cosas se aclaran cuando el orador explica que es un acto conmemorativo, al ver que los reporteros buscan el esclarecimiento por la procesión de coronas florales.

Frente al templete, al cruzar la calle, dos mantas son bastantes claras en cuanto al sentir de los habitantes: “queremos el acto luctuoso de nuestro líder agrarista Primo Tapia no político para dar más respeto a su imagen” (sic).

Pero esta mezcla de devoción y proselitismo parece no incomodar a los organizadores, aunque piden que no haya aplausos por ser reunión de luto, es por eso que al presentar a Chon Orihuela ante el público éste muestra la sonrisa amplia ya tan practicada y la mano sacudiéndose en lo alto en señal de saludo afable, mientras los reunidos lo miran silenciosos e imperturbables.

Sin embargo, ése es el menor de los problemas para el candidato priista, pues debe dar un discurso en que se amalgame la devoción casi fanática a Primo Tapia y el mensaje de campaña acorde con el contexto.

La empresa no es fácil pues el líder de la Confederación Nacional Campesina (CNC) que lo precedió en la palabra no sólo se refirió a Primo Tapia como “mexicano ejemplar” , sino que le elevó la categoría al llamarlo “padre fundador” y a sus seguidores “nosotros tus hijos”, y ni modo de rebajar el nivel del homenajeado.

Orihuela se muestra dudoso al inicio, busca en su propio discurso el elemento que le permita hacer contacto con los allí reunidos, campesinos en su mayoría, a través de Primo Tapia aunque sin llegar al ridículo extremo de la CNC al proclamarlo como santo.

“La cercanía de Primo Tapia con el general Francisco J. Múgica…” ensaya Orihuela sin muchos resultados; “las condiciones del campo que debemos mejorar…”, tampoco funciona; “condiciones de vivienda digna para las mujeres”, y ésta si resulta porque obligó a que las mujeres le dirigieran la mirada con atención.

Por allí cuela entonces su discurso: “tenemos que ponerle orden a Michoacán y lograr que las mujeres tengan vivienda digna porque esa era la lucha de Primo Tapia (Sic) y eso me compromete particularmente con ustedes”, dice en tono apoteósico aunque sin el suficiente para romper el silencio obligado propio del homenaje luctuoso.

Luego una comida masiva en el Salón Ejidal, con churipo y corundas que no llegan a las mesas con la rapidez que deberían porque en la puerta las están requisando los que no alcanzaron silla.

Pese a eso, la convivencia entre ejidatarios termina en paz y se retiran charlando sin prisa mientras los reporteros se preparan a dormir durante el vieja de regreso a Morelia, un deseo tan difícil de cumplir como fue para Orihuela elaborar su discurso, aunque en este caso el problema es el chofer, su prisa, las curvas, reporteros con mareos y amenazas de volver el estómago en cualquier momento y mientras escriben sus notas.