Erongaricuaro/Vianey J. Cervantes
En una costa del lago de Pátzcuaro, se esconde un pueblo purépecha en la región lacustre de Michoacán.
Fundado a partir de la unificación del imperio tarasco en 1440, su nombre significa “Sitio de espera”, conecta con la sierra y fue, en su tiempo, uno de los asentamientos más importantes de la zona, después de Tzintzuntzan.
En los primeros años posteriores a la conquista, la comarca de Erongarícuaro fue otorgada en calidad de encomienda a Juan Infante, quien sostuvo con Don Vasco de Quiroga una prolongada disputa sobre posesión de varios pueblos en la zona lacustre.
Para 1575, quedó bajo la jurisdicción de Pátzcuaro, perdiendo a los pueblos de la sierra que le pertenecían y trabajaron en la construcción de la Catedral de Pátzcuaro.
Durante todo el período colonial dependió de Pátzcuaro, y sus pobladores fueron absorbidos como fuerza de trabajo para las haciendas rivereñas, los trapiches de tierra caliente y los telares que se establecieron en el lugar. Se constituyó en mercado a la sombra del de Pátzcuaro, pues para fines del siglo XVIII, eran parte de Pátzcuaro, sus moradores se dedicaban a trabajar en la arriería de sabaneros, cargadores y atajadores.
Durante el período cardenista, el reparto agrario ocasionó una efervescencia en el medio rural y la proliferación de ejidos causó fricciones en la zona. Al término de esta etapa, la entrega de tierras disminuyó. Se constituyó en municipio el 10 de diciembre de 1831.
Cuenta con diversas danzas originarias, como es la «Danza de los viejitos de Jarácuaro», «Los viejitos enganchados”, «Los negritos de Tócuaro», «Los viejitos catrines» y «Los pastores» entre otras.
Hoy, es un sitio importante de reunión de vida autosustentable por comunidades europeas, principalmente alemanas, así como proyectos de permacultura y agricultura biodinámica, medicina antroposofía, pan artesanal estilo europeo, etc. Un sitio de paz y vida entre la comunidad purépecha, los extranjeros y los mexicanos michoacanos.




