Morelia/Redacción
A siete años de los granadazos de 2008 durante el Grito de Independencia en la plaza principal de Morelia, Michoacán, la herida sigue abierta, el caso impune y las víctimas se dicen engañadas y en el olvido.
En entrevista con El Financiero acusaron que desde 2010 les quitaron el servicio médico; a principios de 2015 se suspendió la beca a algunos niños heridos, y las pensiones vitalicias que les prometieron, son “apoyos temporales”. Por si fuera poco les acaban de notificar que el fideicomiso que creó la iniciativa privada para brindarles ayuda ya se quedó sin fondos.
Rita Alvarado Trejo, de 46 años, tiene por delante un panorama aún más desolador. Ella, su esposo, y sus tres hijos, resultaron heridos aquella que fue su primera y última vez que acudieron a dar el Grito de Independencia. El impacto de la granada que les estalló cerca les causó irreversibles heridas y los dejó sin la posibilidad de volver a trabajar. Sus cuerpos tienen profundas cicatrices que a diario les recuerdan aquel hecho que, dicen, les destrozó la vida.
CNTE amenza con boicotear ceremonia de «El Grito» en Morelia
Por aniversario de los 43, no habrá brindis en Palacio Nacional
CETEG planea boicotear ceremonias del grito de independencia
“El 15 de septiembre me trae puros recuerdos malos, días tristes, un día muy triste para nosotros”, dice Rita, quien recuerda que estuvo a punto de la muerte.
Rita y su esposo, sin seguro social ni dinero, se vieron obligados a empeñar por 100 mil pesos las escrituras de su casa para poder solventar los gastos de una operación que le tuvieron que hacer a ella por un padecimiento renal derivado de tanto medicamento que tomó para soportar el dolor por las heridas que le dejaron los granadazos.
Me dio un paro-respiratorio del dolor que ya no aguantaba en mí pie, me tuve que internar en un hospital particular y ahorita tengo empeñadas las escrituras de mi casa. Al gobierno le pedí apoyo y no me lo ha podido dar
Pero incluso entre quienes sí reciben apoyo del gobierno existe un vacío. Saben que los mil 700 pesos que en promedio les dan cada quincena no son suficientes para aliviar el daño que en su vida les causó este hecho. “Sí me está dando un apoyo, pero qué más, si estoy como presa sin delito, no ha vuelto a ser mi vida como antes, jamás, ni la mitad de lo que era. Muy triste, encerrada, así estoy, como en la cárcel”, dice Belém Zavala.





