En donde el silencio navega en la nada

Imagen: Samuel Ponce

Tzintzuntzan, Mich./Acueducto/Samuel Ponce.- El calor es casi insoportable, más al mediodía, más en la calle principal de este prehispánico sitio, alguna vez centro del imperio purépecha.

La gran calle, la principal se encuentra sola, de vez en cuando el paso de un vehículo, de algún peatón que pareciera que lleva una endemoniada prisa, pero en realidad huye del calor.

No hay bullicio, el silencio navega en la nada, sin timón, a la deriva, sin tierra a la vista y sin ningún andar de brújula alguna; de vez en cuando, muy de vez, el ruido de uno mismo.

Es un pueblo casi desierto, totalmente fantasma, a la mitad de la gran calle se divisan solitarios, ni siquiera un alma en pena, los caminos que bordean el lago que se extingue sin extinguirse.

Y esa terrible soledad se derivó a principios de abril de este año cuando se anunció la primera muerte de coronavirus de un habitante, no de la cabecera municipal, si de una comunidad cercana.

Bastó eso para radicalizar medidas sanitarias, agudizar el quédate en casa, la sana distancia, el portar el cubrebocas y el manotazo para prohibir la venta de artesanía y con eso jugar a la ruleta rusa.