Morelia/ Vianey J. Cervantes
Las puertas laterales del Salón Charo de Casa de gobierno se abrieron, dejando entrar un rectángulo de luz de donde salió la figura en silueta del gobernador Silvano Aureoles Conejo. Las casi cien personas que se encontraban en la sala se pusieron solemnemente de pie.
Con paso sereno, marcó su camino hacia el presidium, donde tomó asiento entre Eduardo García Muñoz y Jesús Melgoza Velázquez, presidente de la Fundación para la Calidad y Competitividad del Estado de Michoacán (FCC), y el titular de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) en Michoacán, respectivamente.
A sus pies, arreglos florales adornaban el escenario donde se haría la entrega del premio Michoacán a la competitividad 2016. Una mujer vestida con una gama anaranjada fungió como maestra de ceremonias, otorgando la palabra a los personajes principales de la ceremonia, todos ellos recordando la importancia de incentivar a las empresas, del desarrollo que urgentemente necesita Michoacán y de las oportunidades del estado, con sus pros y contras.
El aire acondicionado de la sala era demasiado frío para algunos, chaquetas iban y venían al no poder encontrar «la temperatura perfecta». En esta ocasión, la seguridad del recinto fue estricta, nadie salía de su lugar, ni premiados, ni periodistas, pues en repetidas ocasiones se escuchaba el susurro «te invito a que tomes asiento, de favor», mientras una suave mano se colocaba en tu hombro, guiándote hacia una silla vacía o bien, acercándote a una pared.
Entonces, un cumulo de cámaras y tripies enmarcaron el presidium, al momento de la entrega de preseas a las dos empresas de excelencia que la FCC tuvo a bien incentivar por su trabajo. Los premiados, la Universidad del Valle de Apatzingán, y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) Zona Uruapan, recibieron con alegría y orgullo la dorada presea.
Tras de mí, cinco trabajadores de la Comisión, tres de ellos con el tradicional uniforme de aquellos que «iluminan vidas», se acercaron orgullosos, aunque los medios aglomerados no dieron cabida, por lo cual volvieron a sus asientos.
Sin embargo, apenas su representante, el ingeniero Salvador Saucedo Zarco, tomó la voz, fueron homenajeados y de pie, recibieron los aplausos merecidos por el buen servicio, que Saucedo Zarco no olvidó recordar: «Ellos son quienes nos convierten en una empresa de excelencia».
Por su parte, el maestro Leonardo Guillermo González Tafolla, director del Instituto del Valle de Apatzingán, dio un enfático discurso sobre la violencia y la educación, la lucha entre libros y armas, entre el camino fácil y el camino díficil, llamó a una cruzada por la educación en Tierra Caliente, misma que el gobernador recibió con un rostro que se antojaba inexpresivo.
Finalmente llegó el turno del mandatario, quien, recapituló las grandezas del estado, y cómo los michoacanos somos buenos para emprender, aunque no siempre en cosas buenas, puntualizó. Desde luego, llamó a la educación un factor imprescindible para la transformación que requiere el estado y el país, un sector que fue cruelmente «descuidada».
Con el discurso del gobernador, se dio por terminada la ceremonia y los congratulados se reunieron en el presidium para la foto del recuerdo, los emocionados trabajadores, y las dos preseas relucían con la decena de flashes que cegaban por instantes.
Con sonrisas grandes y ánimos de festejos, la sala se fue vaciando poco a poco mientras los periodistas se dispersaban para continuar siendo los ojos de la ciudad, cada quien a en su frecuencia, mientras el gobernador, cruzó la sala y se encaminó hacia su siguiente misión.





