Morelia/Julieta Coria

Cuando el estrepitoso ¡pis-pas, pis-pas, calis calás, calis calás, shhh ¡pummm! ¡San Nicolás!” por parte de la banda de guerra de la Universidad, retumbaba, en el Colegio de San Nicolás, se anunciaba el comienzo conmemoración de los 474 años del Natalicio del Padre de la Patria…
Nicolaitas y no-nicolaitas, no dejaban de llegar por la gigantesca puerta de madera, que alguna vez, albergó al héroe nacional, al padre de la patria, al zorro nicolaita a quién la comunidad estudiantil y universitaria hoy recuerda.
Muy protocolario el evento, los trajeados, mostraban orgullosos su ‘pin’ con logo de la máxima casa de estudios, a simple vista se nota, quién se pone la camiseta y quien no, aun así, cada quién busca un buen lugar para estar atentos al merecido reconocimiento.

Más atrás del patio central, en donde muy temprano se colocaron ofrendas flores a la esfinge de Hidalgo, y se tomaron las fotos oficiales, por supuesto, allá a lo lejos, se encontraba listo el escenario ya con el presídium listo para comenzar, al lado el cuarteto de la Universidad que amenizaba el lugar.
Debajo de un techo que ocultaba los rayos del sol, la luz se escondía entre una especie de manta oxidada que cubría el techo viejo del primitivo colegio de San Nicolás. Abarrotado el evento, catedráticos, rector, ex recorres, funcionarios y alumnos, afinan los últimos detalles para recordar el gran héroe nacional.
Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, fue fusilado al amanecer de un 30 de julio de 1811. Sentado en un banco, con la mano en el corazón, los ojos vendados y un crucifijo en el patio del antiguo Colegio de los Jesuitas en Chihuahua, Miguel Hidalgo y Costilla fue ejecutado….
A pesar de haber recibido dos descargas del pelotón, no murió; por lo que el teniente al mando ordenó a dos de los soldados disparar a quemarropa sobre el corazón del padre Miguel Hidalgo, acabando así con su existencia.

Y así con la muerte, hoy se recuerda la vida de uno de los personajes más importantes de México, “un hombre de pensamiento y acción que renunció a la cátedra para predicar con el ejemplo de su vida puesta al servicio de todos”, destacaba en su discurso el ex rector José de Jesús Orozco Enriques, relator defensor de los Derechos Humanos, iniciando apenas…
Lanzado un llamado priorizar el estudio y solución de los principales problemas nacionales y en el estado priorizando el bienestar de las personas, tal y como lo promovió el Padre de la Patria.
Justo antes de empezar ya se había entonado el himno nacional, a cargo de una voz soprano, que junto al cuarteto universitario, brindaban una buena melodía al estilo instrumental, con el auditorio totalmente de pie y casi todos entonando el himno nacional que hoy cala, con mayor fuerza, por lo que representa para el país, casi tan parecido a los festejos del 16 de septiembre, en donde se recuerda el ser mexicano…
Tocaba el turno a un alumno a un alumno de la Universidad “le hace falta unidad entre sus estudiantes, trabajadores, docentes y funcionarios. Basta de dejar de valerse de intereses particulares para servirse de la institución, a Hidalgo le hubiese gustado ver a su Aula Mater unida…”palabras de José Darío Calderón Gutiérrez, quién provocó una fuerte ovación por parte de los catedráticos y pocos alumnos presentes.

“La UMSNH debe salir de problemas colectivos; a Hidalgo le hubiera gustado vernos unidos a profesores, alumnos y empleados. Se hace un llamado a todos los que se dicen ser nicolaitas: basta de dejar de ver intereses particulares, hay mucho para crecer y mantener en la Universidad”.
Un silencio, y de pronto la consigna, de un grupo reducido, allá en la segunda planta con dos mantas colgando sobre el balcón; ¡Muera Ceneval! ¡Por la defensa de nuestros derechos! ¡Muera el ceneval!
Tres discurso, un héroe recordado, cientos de nicolaitas y una Universidad Pública, entre el recuerdo, conmemoran al Padre de la Patria, pero el olvido está presente, todo queda en palabras, sólo palabras, hasta el próximo año, que regrese el recuerdo…






