El trajinar, del Autovías al Parhikuni; un viaje inesperado

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Imagen César Cabrera

Morelia, Mich. | César Cabrera/Acueducto Online.- «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar», reza una estrofa de la canción «Cantares» de Joan Manuel Serrat.

Son las cuatro de la mañana de un lunes de mayo en Lázaro Cárdenas. Las maletas ya están preparadas una noche anterior y solo resta alistarse para llegar a tiempo a la vieja Central de Autobuses de la región, donde la salida está programada para las 5:30 de la mañana.

Se llega 10 minutos antes de lo agendado y, lo que es el destino, la mala fortuna o simplemente, un mal servicio de la línea de autobuses Autovías, al querer hacer válido el boleto comprado en línea resulta que este fue vendido a otra persona que ya abordó la unidad, incluso.

Minutos de estrés, de molestia y preocupación, pues se tiene que llegar a las 10 de la mañana a la capital michoacana. Tras valorar las opciones, se decide cambiar de línea -ahora Parhikuni- y tomar otra salida directa pero programada para dos horas después. La llegada a Morelia será a las 11, no a las 10.

Y en esas dos horas de espera en la pequeña sala de la línea camionera, solo se encuentran dos personas. Después llegan una más para la corrida de las seis de la mañana y, nuevamente, el espacio queda vacío.

Se puede ver a la gente correr de manera apresurada para alcanzar el autobús y otros, como quien esto escribe, viendo pasar las horas, los minutos. Cada quien sabe a dónde va y por qué; cada persona sabe qué lo motiva a salir o a otros regresar.

Por eso, como dice la canción de Serrat, «Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar…».

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