La Conspiración | #Opinión
1.- Ante la violencia que se suscita en el estado, pero con mayor énfasis en las regiones de Tierra Caliente y en la Sierra Costa, la iglesia católica solo ha pasado del silencio a la oración, más allá de tus tímidas críticas hacia las autoridades que han mostrado incapacidad para resarcir cuando menos el libre tránsito, ni qué decir sus endebles posturas en torno al crimen organizado.
2.- Eso si, los altos jerarcas católicos han optado por jugar con el imaginario social, a través de pomposas presencias en una de las dos regiones citadas, como en el caso de Tierra Caliente, en particular en Aguililla, teniendo como ejemplo claro el viaje que realizó el Nuncio Apostólico, Franco Coppola, el representante papal en México, quien solo dio en cortísimo plazo falsas esperanza de paz.
3.- El papel de la Iglesia no tiene mucho margen de acción más que el espiritual, el de la fe, pero su actuar podría ser más agresivo para exigir, no pedir, a los gobiernos federal y del estado adoptar medidas que contrarresten la ola de violencia, así como sus secuelas, en otras palabras alzar la voz por los habitantes de aquellos lugares, porque es evidente que lo que viven no es la voluntad de Dios.
4.- Sin embargo, hay párrocos, curas, que conviven en aquellas regiones que a su entender, a su manera y a sus limitaciones, más por el entorno, por la intimidación criminal, que por ellos, tratando precisamente de dar esperanza a la población, mediante una serie de misas emblemáticas, en sitios que han sido violentados por los enfrentamientos de grupos antagónicos del crimen organizado.





