Morelia/Samuel Ponce Morales
La primera semana del gasolinazo trajo manifestaciones públicas en una veintena de estados a lo largo y ancho del país, exigiendo que se revierta el incremento histórico en el precio de los combustibles decretado por el Gobierno federal.
En medio del caos, algunos han buscado echar más gasolina al fuego y prender un conflicto social con fines desestabilizadores y, seguramente, electoreros ante el asomo de la sucesión presencial del 2018.
Otros apelan a la mesura, a encauzar las protestas dentro del marco legal y a ubicar en su justa dimensión el aumento en el costo de las gasolinas y el diesel, vitales para la actividad económica y productiva de todos los sectores, giros y formas.
En una gira por Contepec, el Gobernador Silvano Aureoles hizo un llamado a no sobredimensionar un problema que de por sí ya es lesivo para el bolsillo de la gente, y a cerrarle la puerta a quienes busquen sacar tajada de la inconformidad popular con otros fines.
«Hay dificultades, lo sé, pero hay que enfrentarlas con toda responsabilidad», pidió el perredista.
Y dio este argumento: «Hay que encauzar nuestra inconformidad de manera adecuada. No es generando más problemas como se resuelven los problemas que nos aquejan (…).
«Lo más ingrato es que sólo el 10 por ciento de la población, y que son los que más dinero tienen, se benefician con el 50 por ciento de los subsidios en la gasolina; 60 millones de mexicanos más pobres, apenas se benefician con el 15 por ciento de los subsidios de la gasolina.
«Por eso cuando nos venden de que es la catástrofe, hay que tomarlo con cuidado. Claro que impacta, sí que impacta, pero no en la dimensión que lo quieren vender quienes aprovechan estas cosas para sacarle raja a sus propósitos personales y de grupo, y eso no se vale».





