
Morelia, Mich. | Octavio Ortiz García/Acueductoonline.- «Todos tenemos miedo de vivir en el plantón», dicen las maestras del Centro de Desarrollo de la Creatividad, Cultura y Deporte de Zitácuaro, Alejandra García Garfios y Elena Isabel.
Al filo de la una de la tarde de este viernes, el sol pega entero en la cantera rosa de la Catedral de Morelia y las maestras se agazapan bajo una lona que cuelga de las ventanas de Palacio de Gobierno. En medio del plantón que mantuvieron desde hace una semana la expresión magisterial Poder de Basas, las maestras talleristas hacen joyería de chaquiras junto a dos niñas, sus sobrinas.
“Como mujer es difícil por las incomodidades, pero los compañeros nos protegen, gracias a Dios no ha pasado nada, pero el miedo lo tenemos por la represión y la pandemia, ahí vamos”, dice Elena Isabel.
Relata que para ir al baño y asearse deben pagar los baños públicos del centro moreliano, mientras que para cubrir su alimentación pagan por comida, aunque ofrecen alimentos ahí mismo; “por la situación económica no podemos estar una semana y cada dos tres días viene otro compañero”, agrega.
Sin embargo, ambas maestras, Alejandra y Elena, cuyos cabellos ya pintan plateado, remarcan que están en la lucha porque desde hace un año no les pagan su salario; “en el plantón hacemos la labor social de enseñar a los compañeros medicina alternativa y bisutería, no estamos sin hacer nada”, termina.
De entre las casas de campañas emerge un joven, se llama Armando y es normalista egresado de la generación 2020, no quiere dar su nombre completo y prefiere que no se le fotografíe.
Comenta que es de un pueblo del interior del Estado y ya tiene en Morelia tres semanas realizando actividades de protesta. “Pasamos fríos, hambres, con la tentativa de una represión, nada más por el hecho de pelear unos derechos que corresponden a maestros y estudiantes egresados de las normales… tenemos ocho meses en actividades y el gobierno no da resolutivo, lo único que queda es seguir”, describe enérgico.
De este modo, detalla que ya ha sufrido en carne propia la represión policial, pues gracias al enfrentamiento con la Guardia Nacional el año pasado, cuando esta corporación policial desalojó las vías del tren, un cohetón le pegó en la mano y pasó cuatros meses en recuperación, dejándole una cicatriz que le atraviesa la palma de forma grotesca.
El plantón se ha instalado desde el pasado viernes 18 de marzo y bloquea la circulación vial de la Avenida Madero, el Gobierno Estatal se ha deslindado del conflicto al argumentar que corresponde al Gobierno Federal la resolución de las demandas magisteriales.
También se han instalado comerciantes ambulantes y la gente camina entre los carritos que venden artesanías, comida y variedad de productos, los pedestres sortean las casas de campaña y siguen su camino sin prestar mucha importancia a lo que sucede a sus pies y entre el bosque de inconformidades.




