El mágico desove, a la luz de la luna

Foto: Vianey Cervantes

Aquila/Julieta Coria

Palma Sola e Ixtapilla son playas de gran belleza escénica, que albergan un tesoro michoacano lleno de belleza natural, la segunda atesora miles de tortugas golfinas que año con año llegan a desovar a las playas tortugueras que por excelencia eligen las afanosas tortugas marinas.

Atraída por la «arribazón» de la tortuga marina, visito varias playas en busca del gran fenómeno que el propio diccionario de la lengua define como afluencia de peces que suele sobrevenir en las costas en ciertas épocas del año”. En el litoral michoacano lo aplican a estos quelonios que me recuerdan tanto a los dinosaurios.

Alojarme en Playa Sola, no solo cautivó mi recuerdo que ahora atesoró como quien guarda celosamente imágenes plasmadas en la memoria y en un grato sentir, que no se vive cualquier día., su clima, su aroma, el color del cielo junto al mar, en playas del tesoro michoacano; únicos instantes.

En un recorrido por la costa michoacana, conozco la playa Ixtapilla, donde las valientes tortugas marinas tras un largo recorrido llegan simultáneamente e ixtapilla se convierte como ‘un parto’ en días de verano para encubar miles de huevos.

Al llegar, la orilla del mar es resguardado por algunos ´cuidadores’, y ya a punto del ocaso, solo se escuchaba el golpeteo de un oleaje bravo, que cada vez más intensifica la marea, y cada vez se hace más sonora la música de viento, del agua que, en conjunto armonizaban la tarde.

Había caído la noche, cuando desde lo lejos una mancha negra va acercándose a la playa, no hay duda la primera tortuga ha llegado, los curiosos con el celular, con la cámara, en mano corren a esperar su arribo, mientras en su intrépido nado, está cada vez más próxima, para cumplir su misión, ha llegado, exhausta, su andar es lento y solo la luz de la luna alumbra su camino y encontrar el mejor lugar, para comenzar a excavar.

Poco a poco el movimiento de sus aletas traseras pataleaban sobre la arena para formar lo que será el nido y depositar sus huevos, por varios minutos una y otra vez sus aletas y el caparazón cavaban un pozo profundo…

En un momento, se detuvo para permanecer en silencio, en movimiento, luego uno a uno los huevos empezaban a caer, 1, 2, 3, 4, 5, hasta perder la cuenta…-ponen más de cien- dijo una voz, en círculo de curiosos que observábamos atentos, el mágico desove, a la luz de la luna, en la playa húmeda, con olor a tortugas en medios de la oscuridad, una escena que va más allá de la belleza natural.

No hay más tortugas aún, decido marcharme y a lo lejos, escucho el grito de que nuevas tortugas acababan de llegar, y así será, decía minutos antes el cuidador, unas cientos, son pocas, realmente hermoso ver como las hembras lleguen a la arena y dejen su preciosa carga.

El desove de la tortuga marina representa todo un ritual por sí mismo. Los enormes animales salen del mar en la obscuridad a paso lento hasta localizar el lugar ideal para depositar sus huevos.

Ayudada con sus aletas traseras, el quelonio hembra cava lo que será la cámara de incubación de los huevos. Lo hace hasta que ésta toma una forma de olla o cántaro. En ese momento la hembra deposita un promedio de 60 huevos para que sean incubados por el sol.

Y el ciclo se repite año con año…

En las playas michoacanas como La Soledad, Faro de Bucerías, La Manzanillera, Maruata, Colola Caleta de Campos y Palma sola, son solo el ejemplo del tesoro michoacano, que con sus cálidas aguas y brisa fresca, de olas azules, cristalinas y un cielo claro y azul, adornados por su suaves arenas de diferentes texturas, los días pasan entre la belleza y la tranquilidad, para un escape que ha dejado recuerdos únicos que seguirán siendo atesorados en la memoria.