El intríseco andar del peatón

Imagen: Xana Zamudio

Morelia, Mich./Xana Zamudio.-

Vendedores ambulantes, parejitas de tortolos, familias enteras y solitarios empedernidos caminan por las calles de la ciudad. Hay quienes prefieren la compañía de su música favorita desde los auriculares, otros charlan o esperan el verde del semáforo peatonal en alguna esquina para continuar con su destino.

Desde las grandes calles, hasta los angostos rincones, cientos de caminantes circulan todos los días sobre el concreto, la cantera o el jardín recién podado de las plazas. Algunos van y algunos vienen, lo cierto es que, en ese vaivén, el peatón ejerce el poder de su propio movimiento, caminando.

Y, en ese primer vehículo que lo contiene todo; cabeza, manos y piernas, las personas se transportan a sí mismas hasta la comodidad de sus vehículos, bicicletas o motonetas para ser transportadas.

También están los que no vuelven, los que extinguen su motor en algún atropello del tráfico vehicular, la velocidad no moderada de algún coche o, simplemente, la ilusión de ahorrar unos minutos para llegar más rápido del otro lado de la calle, evitando el puente.

Ya lo vivió y lo murió Bridget Driscoll por las calles de Londres Inglaterra, cuando caminando, un automóvil le arrancó la vida, convirtiéndose en la primera muerte registrada en todo el mundo a causa de un atropello, hace más de un siglo, y por quien, desde entonces, se conmemora el Día Mundial del Peatón

Caminar o no caminar, esa es la pregunta cotidiana. Y es que, con el aumento de opciones para el traslado, la gente prefiere caminar menos, pero siempre camina, caminó y caminará. Caminar es la pregunta y caminar es la respuesta.