El Grito, los granadazos…

Foto: Wendy Rufino

Morelia/Wendy Rufino/ACG

A diez años hay cerca de 17 víctimas que aún no reciben pensión, refiere Guadalupe Hernández, incluida su hija. Las complicaciones médicas continúan presentes en las vidas de los afectados en el atentado del 15 de septiembre. Han pasado por muchas cirugías, tratamientos médicos, rehabilitación, pérdida de bienes para comprar medicamento, la incomprensión de algunas autoridades en el transcurso de estos años y sobre todo tener que darle un nuevo sentido a su vida después de no poder volver a integrarse a sus trabajos.

David Reyes tuvo pérdida  auditiva del oído izquierdo, pérdida del tendón de Aquiles, pérdida ósea del calcáneo, perdida del peroné, entre otras afectaciones. Ana María González, padece artrosis postraumática. Ambos tienen esquirlas en sus cuerpos provocándoles dolores que los mantiene en cama durante días. Ana y David son padres de dos hijas.

Foto: Wendy Rufino

“Después de lo que pasamos, aprende uno a valorar a la familia, la vida misma, disfrutar cada día, sentirse afortunados de estar aquí porque muchas personas no tuvieron esa dicha. Tuvimos cambios drásticos en nuestras vidas como caminar con dolor, despertarse por las noches también con dolor. El cuerpo aprende a vivir y asimilar este dolor.” Comenta David Reyes.

“Agradecidos de poder ver crecer a nuestra nena que entonces tenía 3 años. Con ella  antes de todo esto jugábamos mucho, corríamos,  brincábamos, andábamos de aquí para allá. La familia nos apoyó para cuidarla. Cuando pudimos estar más independientes andaba en silla de ruedas cocinando y atrás de la niña. Fue difícil para nosotros y sobre todo para ella. Fue un cambio muy grande. Solos nos queda echarle ganas.” Comenta Ana María González.

Foto: Wendy Rufino

Guadalupe Hernández ha sumado al daño grave que recibió en el pie, tiene una afectación severa en el nervio ciático, ahora tiene problemas en su cadera y en su riñón por la gran cantidad de medicamentos que ha tenido que administrarse, también recibe atención psiquiátrica. Su esposo José Manuel Manríquez, también recibió un daño en su pie izquierdo por las esquirlas, esto al paso de los años le ha afectado también la cadera. Ambos también tienen esquirlas en su cuerpo que también les producen dolores.

“Fueron muchas puertas cerradas, muchísimas humillaciones, decían que nosotros solo queríamos vivir del Gobierno, pero no se ponían en nuestro lugar. Nuestra vida cambió de la noche a la mañana. Nos quedamos sin nada. El deber de ellos era protegernos de esas lesiones, uno nunca podía imaginar semejante barbaridad.” Guadalupe hace una pausa y continua entre lágrimas “Desde entonces para mí ya no hay una noche mexicana. Cuando yo llegué a ese lugar era una persona, ahora soy otra.”

Wendy Rufino ACG