Pátzcuaro/Jordan Raskolnikov
Tras cada globo que surgía en el cielo, con él, más de alguna inocente expresión de asombro se prendía en el rostro de los niños.
El ambiente solemne de lluvia se diluía con su presencia.

Las risas producto de los juegos infantiles sonaban en cada una de las plazas como música de fondo.
Saltando la cuerda, jugando al avioncito, reventando pompas de jabón, realizando un taller u observando detenidamente una obra de teatro, la magia de una inocencia efímera llenaba de alegría todos los espacios.
Y aunque la alegría desmedida de los infantes opacara la de quienes somos adultos, esta última no desaparecía, podríamos hablar por tanto de una felicidad generacional, y que en Pàtzcuaro, aun en la más mínima expresión de su ser es posible encontrar.






