Morelia/Vianey J. Cervantes
Uno a uno, se fueron poniendo de pie al menos doce personas, separadas entre el público, todas ellas con ropa tradicional de la cultura purépecha. En las bocinas, la voz del hombre se escuchaba clara en las cuatro esquinas del patio principal del Congreso del Estado. Entonces, la palabra salió de sus labios y cayó como agua helada a los panelistas, en particular al secretario de Seguridad Pública en el Estado, Juan Bernardo Corona Martínez.
“En esto me refiero particularmente a usted, secretario (aquí, el ciudadano fue interrumpido por la moderadora, quien no paraba de instarlo a “terminar). Es claro y evidente que la gente no cree en las corporaciones policíacas, entonces, las autoridades en otra dimensión creen que las cosas están dando solución a los problemas. El caso concreto es lo que sucedió en la comunidad de Arantepacua…”
Entonces, los michoacanos que se encontraban de pie se quitaron las chamarras y los rebozos. En sus pechos, brillaban en un color negro la palabra JUSTICIA y en rojo, como la sangre de los 4 muertos que dejó el enfrentamiento en la comunidad, “ARANTEPACUA”. Las mujeres con largas trenzas se erguieron con dignidad, con la mirada furiosa clavada en Bernardo, quien no dio ni una palabra, ni siquiera cuando le entregaron su renuncia, la exigencia de renuncia que las comunidades indígenas le entregaban. Al contrario, al terminar la protesta, Juan Bernardo le pasó el micrófono a alguien más.
El aire se tensó, Corona Martínez cruzó la pierna derecha sobre la otra y colocó la mano en su barbilla; tras de mí, una servidora leal de Marko Cortés dejó salir, en varias ocasiones, un quejido de “ay, otra vez”, esta chica se ganó varias miradas de un ligero desprecio de parte del gremio periodístico e incluso algunos gendarmes. El ciudadano en pie de lucha retomó cómo por un lado se busca enaltecer a la cultura purépecha, mientras que del otro lado se les pisotea. “4 indígenas asesinados, cientos de niños aterrados a la policía (…) le entregamos la renuncia bajo el contexto de aquel funcionario de la CDMX que dijo, ‘si no puedes, renuncia’”.
La licenciada Teresa Torres se veía tensa, declaró, quizás sin saber si decía la verdad, que las protestas pacíficas siempre serán bien recibidas…pero su voz fue silenciada por los aplausos de los asistentes, mientras los indígenas de Arantepacua daban la vuelta al patio del Congreso, y salían, dando la espalda al gobierno que los traicionó.
Sin más, se cerró la participación de este panel. Las sillas, que otrora estaban llenas de personas, quedaron semivacías.
En este II Foro Internacional por la Seguridad de Michoacán, el encargado de dar la primera ponencia fue Jorge Ramos Hernández, quien fue alcalde de Tijuana en el 2010 y quien logró sacar a la ciudad del norte del bache de corrupción y violencia que padecía, con la sencilla tarea de respetar, valorar y dignificar a los policías. Las personas lo escucharon como embelesadas, en particular, Alfonso Martínez, quien en ninguna ocasión le retiró la mirada durante aquellos 40 minutos. Morelia lograría hacerlo, pero cada uno pondría su granito de arena.
Las demás ponencias fueron escuchadas con atención, sin embargo, después de la intervención por la dignidad indígenas, los ponentes fueron conscientes de la situación y los ánimos que dejaron en el aire, e hicieron su presentación de forma rápida y concisa. Cerró Mario Arroyo Juárez, experto en seguridad con un currículo de tres minutos. Él, se limitó a iniciar con las conclusiones, abordando temas que hasta ahora eran intocables, como esos miles de michoacanos repatriados que actualmente cumplen condena en EU y que prontamente llegarán, las enormes desventajas económicas que representan los problemas sociales que no se han atendido, la crisis de gobernabilidad que hay no solo en Michoacán, sino en México completo.
Es un México que no puede ni siquiera entregar medicinas a las comunidades más apartadas de Oaxaca, que no puede pedir inversiones extranjeras cuando a cada momento se bloquean las vías de comunicación, que usa a las Fuerzas Armadas para materia de Seguridad Pública, que ataca la inconformidad con balazos, con no realiza con firmeza la co-operación (doble coordinación, mayor unidad).
El foro se dio por terminado con la participación de un ciudadano que entregó frente a todos una iniciativa de ley al diputado organizador, Eduardo Chavira. Una víctima de la impunidad, pues afirma que por “quejoso” le han matado familiares, “pero eso no lo puedo probar al gobierno…”. Se terminó con una sola frase, lo único que vence al miedo, es la esperanza; mientras todos recordaban al huidizo Bernando, quien, sin rastro, se esfumó por la parte posterior del Honorable Congreso.








