Enrique Castro/Acueducto On line
Después de iniciada la proyección en la sala audiovisual, Benjamín Díaz sonríe desde su cabina donde controla todos los aspectos técnicos de la película que se está proyectando, como cada martes y jueves en esa sala dentro de la Casa Natal de Morelos.
Don Benjamín coordina el programa de Cineclub en ese lugar, sonriente y apariencia sencilla camina hacia fuera de su nicho de trabajo para platicar sobre lo que ahí se exhibe; se cerciora que la roja cortina de la sala esté cerrada y extiende la mano para saludar, alguien pasa “ ¡Don benjamín!, y con una mano responde el saludo.
Él lleva 35 años en el programa de Cineclub en el mismo lugar. Él amante y estudiado del cine comienza la charla: “soy cinéfilo y técnico cinematográfico, me incorporé dos años después de que el programa llegará a Morelia en 1980” sonríe y mira al frente, sin embargo, pareciera que sus mente regresó al 1982 que se incorporó a ese trabajo.
Prosigue sobre un muy breve recuento: “El proyecto del cineclub, desde los años 30 ya existían en Alemania y Francia, en México desde los años sesenta con el fin de presentar las películas que ya no están en condiciones comerciales y para no dejarlas caer en el olvido se presenta como cultura cinematográfica, para que las nuevas generaciones tengan un espacio donde este todo el ritual de la oscuridad, la pantalla grande, la butaca…”
El ruido de la película se escucha afuera del aula audiovisual, es necesario que la plática se mueva un poco para evitar hacer distracciones a los que adentro miran, El museo Casa Natal es silencioso, el sonido de los carros de afuera no llega, pareciera que es el lugar ideal para ver cine.

Don Benjamín no lo dice pero con solo ver los “paneos” que hace al sitio es más que evidente. A pregunta expresa sobre si es una forma de ser “romántico del cine”, ríe y responde: “Nos han dicho que somos los enamorados del cine… los cinéfilos estamos acostumbrados a ver desde donde se coloca la cámara, si la película reúne los elementos de una buena película, la cinematografía `ciencia´ que se debe aprender, los cineclubes son el espacio para aprender eso”.
En este cineclub, se proyectan dos películas por semana, se organizan ciclos por director, o actores o tema: el cine club debe verse todo un mes para saber que es el programa”, argumenta Benjamín.
En referencia al número de películas que desde 1980 se han proyectado, el “enamorado del cine2 comienza a hacer cuentas y dice que son muy pocas : “ el año tiene 52 semanas, si multiplicamos eso por 2 películas a la semana y luego por 35 años que lleva, imagínate, son pocas, la industria cinematográfica ¡tiene millones!” Este proyecto se apoya en la Filmoteca de la UNAM o de la Cineteca Nacional, es decir, esta le proporciona el material fílmico. “Se va pasando lo más importante y lo que se tiene a la mano, todo lo que tiene la filmoteca que son casi 60mil películas, o de la cineteca. También los mismos actores o directores independientes nos proporcionan, es un escaparate para los nuevos creadores, si no tienen espacios el cineclub aquí está”
Sobre la necesidades del proyecto Benjamín relata: “Lo único que le falta es un público culto, pero no nos corresponde a nosotros, la gente va al cine cuando tiene las satisfacciones primordiales satisfechas, el que no, no puede ni concentrarse en la película, mientras hay desempleo y la gente anda buscando trabajo o debe la renta, no tiene ni tiempo ni elementos psicológicos para las artes y no solo en el cine, también en música. El público falta por una necesidad social que se debe cubrir”
En las cuestiones técnicas no hace falta nada, los costos bajaron mucho, ahora que todo es digital.
Sobre este tema de lo digital y el internet, a él no le preocupa “No es lo mismo la televisión que el cine, precisamente el internet es una riqueza cuantitativa; el cine es una comunicación consigo mismo desde que se apaga la luz y que nadie te interrumpe, todo eso es un ritual que no te da la televisión, pero si te lo quita, por los distractores: Alguien toca la puerta, ladra el perro o ya chilló la olla de los frijoles”
Sencillo en su forma de vestir, pero adecuado a la situación, Benjamín responde sobre si: “Yo soy una persona que agradezco al gobierno del estado que me permita disfrutar de algo con lo que yo nací, a los cinéfilos los hace la naturaleza; cuando naces con ese gusto ya libraste la mitad de tus necesidades, porque el cine aunque sea por dos horas te convierte en un millonario o mendigo según la empatía que hay del personaje con el espectador”.
La cinta La Misión de 1986 con el actor Robert de Niro es de las que más le agrada; aunque tarda un poco en recordar el nombre, es normal en un persona que trabaja “24horas y horas extras” con el cine. No está peleado con el cine comercial, al contrario “cuando no estoy aquí me encuentras viendo estrenos en Cinepolis, mi gusto es la pantalla y la oscuridad” y con esa frase y una sonrisa, Benjamín de 58 años se regresa a su “cueva” para revisar que todo vaya bien.






