Morelia/Sandra Soraya Castro
Salvador Díaz Fernández, recuerda la noche del 15 de septiembre del 2008 como la peor de su vida.
Lo que era una convivencia familiar se convirtió en una tragedia que aún no termina ni se asimila.
“En un segundo perdí a mi esposa, que se me murió en los brazos y mis tres hijos estaban heridos con sus cuerpos llenos de esquirlas”, señalo.
El recuerdo aun le llena los ojos de lágrimas. “Tengo grabado ese día como si hubiera sido ayer. No he podido olvidar ni un solo detalle”, dijo.
Afirmo que por alguna razón que sigue sin comprender él no resulto ni siquiera herido en los hechos, sin embargo señala que sus lesiones han sido más graves que las físicas.
“Mi mente, mi vida, están muy dañadas”, admitió con voz apenas audible.
Salvador Díaz, como deudo de las victimas recibe una pensión de 4 mil 200 pesos mensuales. Ese dinero lo destina a la atención de sus tres hijos, hoy de 21, 23 y 24 años de edad.
“Los tres tienen esquirlas en su cuerpo, no se las pudieron quitar. En dos de los casos los doctores están vigilando su evolución para ver si no les dañan alguna parte y en otro caso es necesario una operación”.
Como el resto de los afectados, Díaz Fernández se queja de falta de apoyo y atención por parte de las autoridades.
Asegura que solo son citados cuando se acerca la fecha para “colgarse” de ellos y hacer alguna declaración.
Sin embargo menciona que en el diario vivir los apoyos no existen.





