Morelia/Miguel Ángel Santos
Desde temprano se veía a la gente de Huandacareo limpiando las calles, algunos preparando sus puestos de vendimias. Pese a que era un día especial, un devoto día, se notaba tranquilidad en el ambiente.
La primera peregrinación estaba lista para salir, lo único que se esperaba era la llegada del sacerdote para que liderara el resto de la peregrinación: cerca de 250 habitantes de San Nicolás rezando un rosario acompañados de seminaristas estadounidenses, con dirección a la capilla del Señor del Amparo. Al llegar, se celebró la primera misa del día.
Conforme avanzaba el día, los voluntarios continuaban adornando la entrada principal con aserrín de colores y flores para recibir a los demás feligreses que llegarían para el evento más importante del día: la procesión del Señor del Amparo.
Pasado el medio día llegó la peregrinación de cabalgata, un grupo proveniente de Quiroga, montados a caballo, que recorrieron toda la ciudad, donde la gente ya los esperaba fuera de sus casas, saludando a todos a su paso.
Seguido de ellos llegó la peregrinación a pie, proveniente de la ciudad de Morelia, los participantes caminaron desde la capital del estado hasta la capilla en cumplimiento de sus “mandas” o movidos solamente por su fe.
Se dio la segunda misa del día, en esta ocasión con motivo de honrar a los feligreses que año con año, como acto de fe, recorren largas distancias para llegar con el Señor del Amparo y agradecerle por el milagro cumplido.
Recordando el acto hecho por Jesús, se celebró la misa del lavado de pies, para conmemorar la humildad con que Cristo lo hizo con sus discípulos.
Finalmente, cargado por creyentes voluntarios, salió el Señor del Amparo para dar un recorrido por todo el poblado, posándose fuera de las casas que estuvieran dispuestas a recibirlo





