Morelia/Juan Ignacio Salazar
Este sábado resultará la ocasión ideal para desempolvar los discursos que año tras año parecen archivarse en el cajón y repetirse vehemente cada 25 de noviembre como bandera de igualdad de género entre la sociedad.
La declaratoria de Eliminación de la Violencia contra la Mujer se instauró en 1993 y el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujeres, en 1999, hechos que se utilizaron para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación; tras la conmemoración del asesinato -en 1960-, de las hermanas Maribal: Patricia, Minerva y María Teresa…
Las también llamadas ‘Mariposas’ quienes eran luchadoras sociales en República Dominicana, fueron asesinadas por el régimen. En 1999 la ONU lanzo una jornada de reivindicación y convoco a gobiernos a emprender actividades de sensibilización entre la opinión pública sobre el problema de la violencia contra la mujer.
Hoy, a decir de especialistas, la violencia contra las féminas se ha convertido en un problema estructural que se dirige hacia las mujeres con el objeto de mantener o incrementar su subordinación al género masculino.
Su origen se encuentra en la falta de equidad y en la discriminación.
De acuerdo con estudios en la materia, se trata de un problema social presente tanto en el ámbito doméstico como en el público, en diferentes vertientes: física, sexual, psicológica, económica, cultural y otras, y afecta a las mujeres desde el nacimiento hasta las mujeres de edad avanzada.
Su combate, tiene una importante dimensión política, y entre las claves para luchar contra ella y avanzar en la prevención, está la educación y el acceso adecuado a la justicia que evite la impunidad.





