Enrique Castro/Acueducto On Líne
Miguel Herrera, director técnico del América, fiel a su estilo de dirigir, se colocó en su área y no descansó; caminaba de un lado, brincaba, chiflaba y maldecía.
Cada jugada fallada o trunca de su equipo terminaba en un ademán del «Piojo». La gente se divierte viéndolo; «Pioojo, deja de bailar» le gritaba un aficionado monarca. Él, ni escuchaba.
Del otro lado, Roberto Hernández director técnico de Monarcas es lo contrario, más sobrio y calmado. De suéter guinda veía el partido tranquilo, entraba y salía del área.
Levantaba las manos en las faltas, gritaba de repente cuando no se marcaba algo por parte de los árbitros; sin embargó volvía a poner las manos en las bolsas y serenarse.
Menos espectacular que su homólogo contrario, pero al final del partido salió más tranquilo que el «Piojo» y sin tanto baile.






