Efecto Esperanza transforma el cuidado infantil michoacano

La directora de operaciones, Daniela Gómez de la Cueva, destaca que el programa de acogimiento familiar tiene como objetivo principal el fortalecer la red de familias que puedan acoger temporalmente a niños y niñas en riesgo, dándoles la oportunidad de crecer en un ambiente familiar, lejos de los centros de asistencia social o casas hogar

Morelia, Mich. | Acuducto Noticas.- En Michoacán, la organización Efecto Esperanza trabaja para transformar el sistema de cuidado infantil, dando esperanza a niños en situaciones vulnerables. La directora de operaciones, Daniela Gómez de la Cueva, destaca que el programa de acogimiento familiar tiene como objetivo principal el fortalecer la red de familias que puedan acoger temporalmente a niños y niñas en riesgo, dándoles la oportunidad de crecer en un ambiente familiar, lejos de los centros de asistencia social o casas hogar.

(Foto | Cayetano Mac)

Este modelo, originado por la organización The Hope Effect en Estados Unidos, se implementó en Michoacán hace aproximadamente tres años, con el respaldo tanto del gobierno estatal como del actual, con el fin de ofrecer una alternativa más humana y cercana a la familia para los niños que viven en instituciones.

El acogimiento familiar tiene una duración temporal, buscando que los menores puedan ser reintegrados a su familia de origen o, en su caso, ser adoptados. La ley en el estado establece un máximo de dos años para este proceso, durante los cuales se espera que se libere su situación jurídica. A diferencia de la adopción, que tiene como propósito la permanencia definitiva del niño con la familia adoptiva, el acogimiento se enfoca en proporcionar un entorno estable mientras se resuelven los trámites legales necesarios.

Gómez de la Cueva señala que la necesidad de este tipo de programas es urgente. “La mayoría de los niños que están en las casas de hogar no son huérfanos, sino que llegaron por situaciones de abuso o negligencia”, explica. Esto refleja una triste realidad en la que la violencia y la falta de cuidados afectan el desarrollo emocional y psicológico de los menores. Estudios internacionales han demostrado que los niños institucionalizados a largo plazo sufren retrasos significativos en su desarrollo, por lo que estar en una familia se vuelve esencial, sobre todo en los primeros años de vida, cuando se sientan las bases para un desarrollo saludable.

(Foto | Cayetano Mac)

Actualmente, el programa tiene 15 acogimientos activos, pero la demanda es mucho mayor: más de 70 niños esperan una familia temporal. Sin embargo, la tarea de encontrar hogares dispuestos a participar en este proceso no es fácil, y la organización ha tenido que enfrentar diversos desafíos para sensibilizar a la población. “Cada vez hay más familias que entienden la importancia de lo que hacemos, aunque al principio hay dudas sobre lo difícil que será despedirse del niño cuando el proceso termine”, reconoce Gómez de la Cueva.

El proceso para convertirse en una familia de acogimiento implica varios pasos: desde sesiones informativas hasta capacitaciones, valoraciones psicológicas y sociales, hasta la evaluación por parte del DIF estatal. Solo una vez que se completa este proceso y se obtiene la certificación oficial, las familias pueden comenzar a recibir a los niños. Pero más allá del proceso burocrático, la organización pone un fuerte énfasis en la calidad humana de las familias participantes. No se busca la “familia perfecta”, sino la que tenga las condiciones y el compromiso necesarios para ofrecer un hogar digno.

(Foto | Cayetano Mac)

Lo más conmovedor del programa es la respuesta de las familias que, aunque inicialmente temen el dolor de la separación, logran comprender la verdadera recompensa: el impacto positivo en la vida del niño. “Es un proceso difícil, pero lo que más pesa es la satisfacción de saber que hemos cambiado la vida de ese niño, y que lo hicimos desde el amor y la empatía”, asegura la directora.

Aunque el programa ha comenzado a generar más conciencia, el desafío es grande. La sensibilización en la sociedad michoacana sobre el valor del acogimiento familiar y la adopción aún está en una etapa incipiente, pero las experiencias positivas de las familias que han participado abren una puerta de esperanza para muchos otros niños que aún esperan por un hogar. “Lo que más nos importa es que cada niño tenga la oportunidad de vivir en una familia”, concluye Gómez de la Cueva.

(Foto | Cayetano Mac)

Este modelo de acogimiento familiar no solo es una alternativa frente a la sobrecarga institucional, sino una oportunidad para transformar vidas y brindar un futuro mejor a los niños de Michoacán.