EDITORIAL | Normal de Tiripetío, PATENTE DE CORSO
La tenencia de Tiripetío está por convertir en un auténtico polvorín donde la ley es una sombra ausente. Los habitantes, hartos de los abusos de los normalistas, han decidido alzar la voz contra el vandalismo que asfixia sus hogares y negocios.
Bajo el disfraz de la «lucha social», los estudiantes de la Normal Vasco de Quiroga imponen su voluntad con métodos más cercanos al pandillerismo que a la academia, como el robo de mercancía y el secuestro de vehículos.
El gobierno de Michoacán, atrapado en su retórica de «no represión», ha terminado por otorgar una patente de corso a este grupo. Al evitar el costo político de aplicar el orden, el Estado deja en total desamparo a los ciudadanos.
La frontera entre la protesta y la delincuencia se borró hace tiempo en esta zona de conflicto permanente. Hoy, la población de Tiripetío no se solidariza como antes, sino que reclama el elemental derecho de vivir sin miedo.
¿Hasta cuándo se permitirá que el chantaje sea la única vía de comunicación con la autoridad estatal?. El finalmente silencio institucional no es diálogo, es la capitulación de la justicia frente a la fuerza bruta de unos cuantos privilegiados.
Resulta urgente que el gobierno bedollista entienda que la paciencia social tiene un límite peligroso en Michoacán. Si no se restablece el estado de derecho, la justicia por propia mano dejará de ser una amenaza para convertirse en una trágica realidad.





