Morelia/Samuel Ponce
En su momento, hace casi dos años, el anuncio del Plan Michoacán fue estruendoso, como una gran bocanada de oxígeno a un Michoacán que parecía que no saldría del dominio del crimen organizado.
En esos tiempos, anunciado por el Presidente Enrique Peña Nieto y signado por el entonces gobernador Fausto Vallejo Figueroa y el hoy ex comisionado federal Alfredo Castillo Cervantes, el proyecto se mostraba ambicioso, más no exactamente sólido, y más aún tenía fuertes signos de lograr resarcir el tejido social en varia regiones del territorio michoacano, a través de la siempre esperada combinación de la seguridad con el impulso de programas sociales y la reactivación productiva de cada lugar; no, no ha sido así, se dio mayor énfasis a lo primero, lo cual era impensable lograr sin la aparición de las autodefensas.
Hoy en Plan Michoacán, en una evaluación seria, no sería aprobado, reprobaría con bajas calificaciones, no solo porque rebasó los tiempos agendados, sino porque no ha tenido los efectos esperado, solo paliativos y dispersos…





