Editorial | IEM: perfiles de oro, votos de barro
El telón ha caído en el Palacio Legislativo de San Lázaro y el veredicto para Michoacán es, por decir lo menos, desalentador. En la Cámara de Diputados se designaron a los consejeros faltantes del Consejo General del INE, dejando a la entidad fuera de la jugada nacional.
Dos nombres destacaron por méritos propios en este proceso de selección: Selene Lizbeth González Medina y Erandy Reyes Pérez Casado, ambas consejeras del Instituto Electoral de Michoacán (IEM). Ambas, sin más méritos que los propios, avanzaron entre cientos de aspirantes.
Sin embargo, el sistema centralista, a través de los diputados federales, volvió a imponer su pesada losa sobre el talento de una parte de la provincia que no se arrodilla. Selene y Erandy demostraron que en la provincia hay perfiles de altísima calidad, capaces de competir con la élite.
Selene Lizbeth González Medina fue, sin duda, la joya de la corona michoacana en esta contienda, alcanzando un envidiable puntaje de 83 en el examen. Su trayectoria no es producto de la casualidad, sino de años picando piedra en la compleja estructura electoral local.
Llegó al tramo decisivo, ahí donde se separan los técnicos de los políticos, manteniéndose como la única michoacana con posibilidades reales hasta el último minuto. Su capacidad de análisis y su solvencia en las entrevistas la colocaron en el radar de los expertos.
Por su parte, Erandy Reyes Pérez Casado no se quedó atrás, demostrando con 80 puntos que la estructura del Instituto Electoral de Michoacán es escuela de rigor. Ambas mujeres se convirtieron en un bloque de dignidad frente a una maquinaria que suele buscar otras virtudes.
La tragedia para estas dos especialistas radica en una carencia que en la política mexicana suele ser un pecado mortal: la falta de «padrinos». Ni Selene ni Erandy llegaron a la capital con maletines cargados de promesas ni con la bendición de algún jerarca partidista.
Su exposición mediática fue nula porque su tiempo se consumió en el estudio y en la labor institucional, no en los pasillos de los medios nacionales. Apostaron todo a la excelencia académica y a la experiencia operativa, creyendo ingenuamente que el mérito bastaría para convencer.
Al final, el Comité Técnico de Evaluación prefirió perfiles con mayor «arrope» político o con vínculos más evidentes hacia las cúpulas del oficialismo actual. Se privilegió la conveniencia de los acuerdos por encima de la pureza técnica que las michoacanas representaban con orgullo.
Michoacán pierde una oportunidad histórica de tener una voz técnica y equilibrada en la herradura de la democracia, víctima de un juego de sombras. El mensaje es claro: en estas lides, el conocimiento es un accesorio si no se cuenta con el teléfono del tlatoani.
Queda para el registro que dos mujeres de Michoacán pusieron en jaque a la capital del país, demostrando que para ser consejera no hace falta el escándalo. Selene González, especialmente, se retira con la frente en alto, consciente de que su perfil fue, simplemente, demasiado autónomo para el poder.
Habrá que ver si el tiempo le cobra la factura al INE por estas exclusiones, donde el talento se sacrifica en el altar de las cuotas políticas. Por ahora, en territorio michoacano nos quedamos con el sabor amargo de lo que pudo ser y, por mezquindad política, no fue.





