Sin duda alguna, el Gobierno de Michoacán anotó un gol mediático indiscutible al convertir la fiebre del mundial 2026 en una fiesta colectiva que llenó plazas, reactivó el Centro de Convenciones de morelia y encendió en parte el ánimo social.
La estrategia gubernamental de condicionar el acceso a los grandes conciertos, que se efectuaron el Palacio del Arte, a través del consumo local rescató la economía de decenas de cocineras tradicionales y artesanos que encontraron un respiro financiero.
En ese camino, también llevar la pantalla gigante a la Plaza Don Vasco en el pueblo mágico de Pátzcuaro demostró que la descentralización de la cultura y el sano esparcimiento es posible cuando hay voluntad política en los gobiernos locales.
Sin embargo, en el silbatazo final del evento, de Jalo Futbolero, está dejando una enorme tarjeta amarilla en materia de transparencia fiscal ante la evidente resistencia y esquivo por transparentar el costo real del proyecto que está a punto de extinguirse.
La opacidad en los contratos de los artistas y en los derechos de transmisión pagados a la FIFA empaña lo que pudo ser una victoria limpia para la administración estatal. Y es que el sano esparcimiento jamás debe pelearse con la rendición de cuentas.





