Editorial | El déjà vu del Plan Michoacán
El Plan Michoacán por la Paz y la Justicia está por cumplir su primer bimestre, bajo el sospechoso brillo de las estadísticas oficiales que presumen una baja en los homicidios dolosos mientras la realidad cotidiana en las calles cuenta una historia muy distinta.
La masiva presencia de doce mil botas de la fuerza federal en territorio michoacano ha servido más para administrar el miedo que para desmantelar las estructuras financieras de un crimen organizado que sigue dictando el precio del limón y del aguacate.
Resulta peligroso lanzar campanas al vuelo cuando la pacificación depende exclusivamente de un despliegue federal externo al estado que al retirarse dejará el descubierto la misma fragilidad institucional y las policías municipales corrompidas de siempre.
Las fortalezas del plan radican en una coordinación sin precedentes y una inversión social masiva que intenta arrebatarle la base social a la delincuencia, pero su debilidad estructural es la asfixiante dependencia de las guardias nacionales y de los militares.
El control de precios por parte de la delincuencia la falta de una policía civil profesionalizada son los talones de Aquiles de una estrategia que apuesta casi todo al despliegue federal olvidando que la entidad debe aprender a caminar sin muletas de la fuerza externa.
Si, estamos ante un déjà vu institucional, en el cual se inyectan carretadas de recurso económicos en programas sociales con la esperanza de que el bienestar económico derrote por sí solo a la gobernanza delincuencial que ya echó profundas raíces en regiones como Tierra Caliente.
Y, bueno, si la justicia local sigue siendo una puerta giratoria y los fiscales se mantienen como espectadores de lujo, poco importará cuántos objetivos prioritarios caigan en los operativos, porque el relevo delictivo es más rápido que la burocracia del estado.
Hoy, advertimos, desde esta tribuna, que una paz sostenida por fusiles ajenos es apenas un respiro temporal y que, sin el blindaje real a los sectores productivos el tan llevado y traído Plan Michoacán terminará siendo otra anécdota en el libro del olvido. Al tiempo.





