Morelia, donde Santa se vuelve polizón

Morelia/Acueducto/Wendy Rufino/ACG

Calles nocturnas y cofres de autos aparcados en las calles son iluminados por un resplandor neón, por momentos, la ambientación es futurista, pero la música navideña que proviene de los juegos de luces rompe el espejismo y topamos con las ataviadas fachadas.

Adornar las casas es ya una tradición que pasó de las velas, las manzanas, a las pequeñas bombillas, esferas y ahora los sofisticados proyectores de luces LED que generan una sensación de movimiento.

Algunas casas llenan los balcones de escarchas luminosas, confrontan la ensoñación de la nieve frente al desierto del nacimiento, otro espejismo. En la noche no existen más casas que aquellas que entre el alumbrado tenue de las calles sobresalen por sus colores excéntricos, pero que gustan.

Las posadas, la representación del nacimiento y las luces que acompañan el mes de diciembre caben perfectamente cada uno en un cuadro surrealista. Los árboles varados y atrapados en el asfalto de las calles también alcanzan el cobijo de las luces navideñas, las macetas de las terrazas o en los techos junto a las antenas que resisten el embate tecnológico, casi nada se escapa de la luminosidad de la temporada.

La austeridad o la apatía a las fiestas también es visible en la ciudad, las casas sin luces parecen deshabitadas o sumidas en una agonía silenciosa frente al contraste de estructuras con muñecos de nieve, trineo y juegos de luces.

En su conjunto el desorden, el caos, lo absurdo, desigual y el humor de estas luces recuerda a Bretón, fundador del surrealismo: “No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo”.

La imagen del Santa escalando una pared con su bolsa de regalos explica toda esta ficción mexicana, no hay chimeneas por donde entrar y entonces se vuelve polizón, pero también una figura añorada por los niños.