Donde la vida pasa, solo mirando…

Foto: Enrique Castro

Enrique Castro/ Acueducto On line

Sobre la calle Ocampo, en la colonia Juárez, un grupo de gente se arremolina sobre un bazar de ropa usada; ahí algunos escogen y separan, otros compran y unos más donan. El lugar es el albergue del Cristo Abandonado, y lo que ahí sucede es la venta tipo bazar para recolectar fondos.

El albergue aloja a personas de la tercera edad sin familia y a indigentes que “les llevan”, al entrar al lugar una recepción de encarga de los accesos, lo que sigue es un comedor y cocina, un par de largas mesas adornadas con nochebuenas (donadas) y manteles rojos indican el lugar donde la mayoría come; al final del lugar una pintura con Jesucristo en un campo le pone color a la escena.

Foto: Enrique Castro

Ahí, una señora espera la hora de la comida, sentada y sin hablar, solo mirando quien pasa.

Mary pasa por el lugar y recibe una sonrisa de la que mira pasar “al mundo”, ella es la enfermera del lugar y tiene más de 20 años trabajando en el albergue; al mismo instante, otra mujer la abraza fuerte en señal de felicidad y agradecimiento. Mary agradece y en tono de broma le dice a la que la miraba sentada: “no te pongas celosa, ahora voy contigo” y acto seguido camina hacia ella y abraza.

En una parte contigua y más iluminada, hay otra mesa y las imágenes religiosas cuelgan de las paredes, un cristo grande y una virgen. Ahí, otra persona espera la hora de la comida en silencio, sentada en su silla de ruedas.

Foto: Enrique Castro

Mary, sigue caminando y abrazando gente que se encuentra, ella viste de blanco y su tez es del color de su ropa; la sonrisa delata lo bien que se siente trabajando ahí. Por fin puede llegar al patio principal y ver a los demás “inquilinos”, el ambiente es más relajado y hay grupos de personas, al final, como en un estacionamiento, se encuentra la mayoría de los adultos mayores que usan silla de ruedas, todos viendo hacia el mismo lado, algunos se mueven con el sol, por aquello del frío.

Por un costado de las habitaciones un “Che Guevara” luce dormido en una silla, y es que la playera de un señor tiene estampado al líder revolucionario, pero su portador es el que se echa una “pestañita”. Unos otros platican y otros miran.

Foto: Enrique Castro

A frente de las sillas de ruedas; con gorra, suéter y refresco en mano, Reyes mira y platica. Así se llama porque supuestamente nació el 6 de enero, en la Religión Católica se celebra el día de los Reyes Magos. Lento y difícil es su platicar, ya que no cuenta con la mayoría de sus dientes, pero el debate inicia por definir el día de su nacimiento.

Reyes dice que el 30 de enero, Mary dice que él dijo hace mucho que el 6, “por eso te llamas Reyes”, después de eso, le da un trago a su refresco con popote y por su silenció, otorga y da por finalizado el debate. Le preguntan su edad y dice que 80, sin embargo, antes había comentado que nació en 1918, es decir, está pronto a cumplir su centenario de vida, del cual solo 5 años tiene en el albergue.

Es originario de Puebla, pero no tiene papeles ni registro, lo llevaron al Cristo Abandonado un grupo de estudiantes de Ciudad Universitaria, él trabajaba barriendo y haciendo encargos con profesores y administrativo. Sin embargo, un día ya no pudo caminar y los estudiantes lo llevaron y desde ese día anda en silla de ruedas, aunque no tenga ninguna enfermedad. Técnicamente la falta de registros de nacimiento de Reyes “olvida” al menos 95 años de su vida. Tranquilo sigue tomando su refresco.

A un costado del patio están los dormitorios, ahora lucen mejor ya que hay colchones y bases nuevas. Un premio por parte de una empresa les donó dinero de la recaudación por redondeo, con eso se compró lo nuevo. Por el momento lucen vacíos, solo al final del cuarto está Armando, recostado inmóvil. Un único letrero en la pared, advierte que de favor “no le den cigarros a Armando”., él acaba de ser amputado de sus piernas y el cigarro vuelve lenta la sanación. De todos modos, el pide el vicio y además, pide dulces o chocolates. Es muy platicador, al final de la cama en una silla, figuras de santos “lo cuidan”.

Foto: Enrique Castro

Otro cuarto de camas, pero este con una gran cruz al final, antes se usaba de capilla y ahora ya como dormitorio, la falta de espacio obligó a utilizar el santo lugar en uno de santo dormir. Mary llega al final y atienda con cariño a una señora con parálisis, que yace en una cama. Ahí ella habla de los que ahí alberga, incluso enseña una caja de madera donde mantiene restos de los que ahí fallecen, cuando los incineran entregan las cenizas al albergue debido a la falta de familia de los recién muertos. Los cuidan en vida y en muerte.

Una señal suena, algunos caminan, otros en su silla y otros más ayudan a los que no pueden; pero el destino es el mismo, es la hora de comer y se disponen a ir al comedor. El lugar iluminado es la zona de “ruedas” y el otro para los que no usan estas sillas. Mary, se prepara para ayudar a servir la comida, pero Tomasa no la deja de abrazar, logran separarse y se adelanta a servir.

Foto: Enrique Castro

Afuera, el bazar ya cerró por ese día y la ropa que las personas o instituciones donan ya se guardó para otro día. Un cheque de plástico en la pared agradece el donativo con lo que se compraron las camas y una pintura antigua adornan y dan la bienvenida al inicio del lugar. Es la hora de la comida y ahora si nadie habla ni duerme, solo comen.