¿Dónde están nuestros hijos?

Morelia, Mich.|Víctor Ruiz/Acueductoonline.- Los rostros son de dolor, angustia, desesperación; pero también de fuerza, resistencia y esperanza. Es otro 10 de mayo, otro año sin ellos. Las madres se abrazan desde la lucha, las consignas y la solidaridad. No hay descanso ni paz para encontrar a sus hijos.

Miradas que ya perdieron el miedo, voces que reinventan el aliento. “¿Dónde están, dónde están?” gritan una y otra vez desde el Comité de Familiares de Personas Detenidas y Desaparecidas en México (COFADDEM).

Las fotografías de los rostros se imponen ante los militares que miran de vez en cuando con un gesto de frialdad. “¿Dónde estás? Te queremos abrazar, por los desaparecidos 1974-2021” se lee en la placa que fue colocada sobre la fuente y retirada por la milicia minutos después de que concluyera la manifestación.

La COFADDEM contabiliza un total de 309 desapariciones desde 1974 y desde esa trinchera de la memoria, utilizan el megáfono para exigir a las autoridades que no cesen en la búsqueda, que den respuesta a cada uno de los casos.

“Exigimos la armonización de la Ley General en materia de desaparición forzada de personas, desaparición cometida por particulares y el sistema nacional de búsqueda de personas, para que mediante su implementación se regulen los mecanismos legales de búsqueda, investigación, localización, prevención, sanción y erradicación del delito”.

Al grito se han sumado activistas y grupos musicales, como Bola Suriana, quienes por un día han dejado de lado sus instrumentos para sustituirlo con la voz y hacer el pase de lista correspondiente. No se deja fuera a nadie, se menciona el nombre y día de desaparición de la persona en cuestión.

Aunque este año no se realizó una marcha por la pandemia de Covid-19, a las afueras de Palacio de Gobierno los ecos llegan: madres independientes al comité también hacen saber su desesperación. Ahí está Linda Paniagua, quien desde noviembre del 2019 no ha parado de buscar a su hijo Saúl.

Ella y los suyos hablan ante la prensa, cuentan su historia una y otra vez, sin cansancio. Agradecen los cláxones de los automovilistas. Lloran, se reponen, vuelven a llorar. Los reporteros se conmueven, paran de grabar y se marchan con un dejo de impotencia. La búsqueda sigue.