Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- El maestro Erasmo Onofre es un guardador de la tradición navideña de su familia. Hace más de 25 años que monta su propio nacimiento, práctica que aprendiera desde muy pequeño en casa de sus padres. Este 2020, no podía faltar la creatividad y el espíritu decembrino, pese a la pandemia por covid–19.
“Desde mi infancia, en la casa de mi mamá hacíamos un nacimiento, pero con flor de piedra y materiales más de la naturaleza. No había otra influencia. Recuerdo que íbamos al campo a recolectar las flores”, comparte en entrevista para Acueducto Online.
Hace ya algunos días que habitantes de todo el mundo vivieron la Navidad en medio de la contingencia sanitaria. Aunque los contagios por el virus siguen al alza, las familias morelianas no perdieron el ánimo y revivieron el espíritu navideño con los detalles característicos de la temporada, adornando sus domicilios y lugares de trabajo.
Con una imagen de la Virgen de Guadalupe detalladamente rodeada de esferas detrás de la puerta y dos grandes campanas, el hogar del señor Erasmo da la bienvenida a las visitas, para, luego, adentrarse en el vistoso nacimiento tendido sobre los alrededores de su chimenea.
“Antes era pequeñito, sólo se colocaba el Niño Dios, san José, la Virgen María y algunos animalitos. Y la casita era muy pequeña. Ya después se agregaron los Reyes Magos y se agrandó el espacio, hasta se hizo un nicho especial para el arreglo”, comenta al lado de dos muñecos de nieve.
Procedente de la localidad de Mariano Escobedo en Cuitzeo, el maestro de educación primaria recuerda con nostalgia y orgullo el modesto nacimiento montado en casa de sus padres y cómo comparte ahora tan esperada tradición
con su esposa, hijos y nietos.
“Allá el nacimiento que hacíamos tenía de altura como de 10 centímetros. Y le hacíamos una casita de la madera de los árboles que había en ese lugar. Ahora, cada que se va acercando la Navidad, ya estoy pensando cómo adornar”.
Con un árbol blanco y moños rojos que esta vez agregó la señora Teresa, su esposa, y una villa poblada de pequeñas casas, acompaña el lugar del nacimiento colocado dentro de una chimenea, justo por debajo de las escaleras.
“El Niño Dios se pone el día 24, después de la misa, pero como este año no hubo, lo pusimos después de la cena”, comenta ante las restricciones por la pandemia que, considera, no es pretexto para no continuar con la tradición.
“Ojalá que las familias, aquí y en todos lados, no dejen perder estas tradiciones. Ahora con esto de la pandemia es dificil, pero simpre se puede hacer algo pequeño y significativo…”





