Discapacidad es diversidad

Morelia / Acueducto

A nivel internacional 285 millones de personas tienen discapacidad visual .

Actualmente la discapacidad visual ocupa el segundo lugar de limitación física en México (27 de cada 100 personas con discapacidad tiene alguna afectación visual) es decir 1.6 millones de mexicanos (80% con baja visión y el 20% ceguera total)

El 30% de los niños y el 38% de jóvenes y adultos con discapacidad visual carecen de servicios de salud. Solo 5 de cada 10 personas con discapacidad visual asisten a la escuela. En materia laboral el 64% de las personas con discapacidad visual no está activa económicamente (ocupan puestos técnicos o de categorías subordinadas.

Al escuchar la palabra discapacidad aún se sigue pensando únicamente en una silla de ruedas y ello genera el olvido de las personas que tienen otro tipo de discapacidad no la motora.

Una de las principales problemáticas es la concepción de las personas con discapacidad visual, los seguimos llamando angelitos, invidentes etc. Y ello genera poca credibilidad de sus capacidades, habilidades y talentos lo cual se nota en la falta de inclusión en distintas áreas en las que se desenvuelve. Por otra parte solo se conoce que existen personas ciegas y se desconoce totalmente el término de baja visión.

En la mayoría de los casos las personas con discapacidad visual tienen que recurrir a otros estados o países a recibir una atención médica especializada y de calidad ya que en nuestro estado y principalmente en la capital no contamos con una unidad de atención oftalmológica; hablando de servicios de atención médica de forma general los pocos a los que tienen acceso las personas con discapacidad visual ofrecen muy mala atención y desconocen totalmente el protocolo de ayuda a este sector de la población.

En nuestro estado las personas con discapacidad visual tienen muy pocas oportunidades escolares, no existe por porte de la secretaría de educación una escuela especializada en la atención de personas ciegas y de baja visión, los centros que atienden a este sector de la población no cuentan con un reconocimiento ante la ya mencionada secretaría, en las escuelas de educación regular, pocas son las que abren sus puertas a estas personas y las pocas que lo hacen en ocasiones no brindan una atención de calidad.

Una de las problemáticas más notorias y más preocupantes es la falta de oportunidades laborales, las instituciones de los 3 órganos de gobierno poco contratan a personas con discapacidad y todavía en menor porcentaje si se trata de discapacidad visual, las empresas de la iniciativa privada tampoco abren espacios para personas ciegas o de baja visión. Es importante hacer saber que lo mismo que vive una persona sin discapacidad al no encontrar un empleo, lo mismo vive una persona con discapacidad y en ocasiones se incrementa la preocupación porque la gran mayoría requiere tratamientos médicos y si no se cuenta con algún servicio médico el costo de estos tratamientos hay que cubrirlos por cuenta propia.

Discapacidad auditiva

Al ser una discapacidad que no se ve, recibe muy poca atención de la sociedad y el Gobierno. En México sólo hay 40 intérpretes certificados de lengua de señas y la educación especial para ellos no es obligatoria.

Cuando una persona invidente anda por la calle, su bastón y sus gafas oscuras, su perro lazarillo o sus ojos diferentes delatan su discapacidad. Quienes cruzan por su camino se quitan, lo ayudan a pasar o le ceden un asiento. Las personas sordas, en cambio, no tienen un síntoma visible de su discapacidad, por lo que nadie lo advierte hasta que les habla, y no saben cómo hacerlo porque casi nadie domina la lengua de señas. Esta incomunicación los aísla y orilla a convivir predominantemente con otros sordos, lo que genera entre ellos una cultura apartada del resto, con su propio idioma y sus propios códigos. Esto los vuelve invisibles en México, país que los inserta en el paquete de todas las discapacidades, tanto en atención y trato como en recursos para su educación.

El panorama educativo para este sector de la población (alrededor de 700.000 personas, según el Instituto de Estadística) es desolador: en todo el país hay solo 40 intérpretes certificados en Lengua de Señas Mexicana (LSM), 11 ubicados en la capital. La mayoría de los que conocen este lenguaje son familiares de los sordos y la capacitación a los maestros para que aprendan a comunicarse con estos estudiantes no es obligatoria: la Secretaría de Educación (SEP) se lo pide a las escuelas, pero si alguna no lo hace, no hay sanciones, más el presupuesto para Educación Especial va en caída.

El número de intérpretes certificados no ha crecido desde 2009, debido a un diferendo entre el Consejo para la Inclusión de las Personas con Discapacidad (Conadis) y el área de la SEP que certifica a los profesionales (Conocer). Una de ellos es Laura Álvarez, quien explica que el número exacto de intérpretes es incierto porque la mayoría de los que hablan LSM son las familias de los sordos y otros no reconocidos, que toman un curso y venden sus servicios pero no están certificados. “Los que se han profesionalizado no llegan a 100”, lamenta Laura.

La certificación es más que un simple papel. El problema con los intérpretes “piratas” es que pueden hacer interpretaciones erróneas no solo de situaciones cotidianas, sino también en un diagnóstico médico o un juicio con consecuencias graves, como fue en el caso de un joven sentenciado a 15 años de cárcel por violación, cuya intérprete no hablaba bien la lengua de señas.

Los recursos del Gobierno Federal para la educación de las personas sordas tampoco han crecido sino al contrario ha disminuido. Sin embargo, la actual legislatura buscó incrementar el presupuesto para el apoyo a grupos vulnerables en el Presupuesto Federal 2020.