Desde el Sur hacia el corazón de Morelia: Café Sur, un oasis cultural

(Imagen: Especial)

Morelia, Mich. | Acueducto Noticias / Irene Valdivia.- El Café Sur, descrito para el público como un café con contexto, abrió sus puertas hace mes y medio en la Centro Histórico de Morelia.


Con una imagen mexicana que abraza la técnica del grabado y al armadillo como símbolo para sí, este espacio da la bienvenida con un manifiesto explicando una postura decolonial que cobija al proyecto.


Para conocer más de ello, conversamos con Bianca, quien se encuentra junto a su pareja al frente de este establecimiento.
Bianca Montes Serrato es licenciada en Derecho. Una carrera por la que confiesa al iniciarla no sentía encanto por ella. Más tarde, encontró en el trabajo con comunidades indígenas una reivindicación de su licenciatura. Sus intereses en los Derechos Humanos, procesos de autogobierno y de autonomía la llevaron al posgrado en Antropología.


Se describe a sí misma como una chica muy sensible y amante de la naturaleza, a quien le encanta la diversidad de sus propios gustos. Llena de muchas pasiones y actividades, disfruta de las actividades al aire libre desde desde niña gracias a las enseñanzas de sus padres, quienes la acercaron al disfrute y respeto de espacios naturales y de los animales.


“Bianca sí es mucho como naturaleza, de muchas otras cosas no me queda claro de mí, pero esa es una actividad que me hace feliz, que cuando no la hago, la necesito mucho. Soy una persona que está acostumbrada a tener gente a su alrededor”.


Acueducto.- Café Sur tiene una perspectiva decolonial ¿Cómo llega esta perspectiva a ti?
Sí creo que ha sido como un transitar de pues primero, como formé parte de un colectivo que trabajaba con comunidades indígenas y de ahí este fue muy orgánico el acercamiento con ese tipo de luchas, porque yo lo sentía como muy, muy natural, y muy amable para mí misma, como espacio muy seguro. Platicar y estar en espacios con la gente de las comunidades. Y lo digo porque creo que el contexto de mi familia materna es muy así, es de un pueblo de la costa y como las costumbres de esos espacios luego son muy comunitarias, como casa abierta, donde los tíos tienen muchas familias, los hombres de la familia entran y salen, pero hay esposas, hijos regados por todos lados, pero bueno, en la casa se daba que todos a mi abuela materna la querían mucho. Y entonces todo giraba en torno a ella. O sea, las esposas, aun dejando de ser esposas de los tíos, iban, la querían mucho. Nosotros nos relacionamos con ella, nos relacionábamos con mis primos, con los sobrinos. Entonces era una vida muy sencilla, muy humilde. Y entonces a mí el estar con la gente de las comunidades me generaba un espacio de… Como que la sencillez para mí es un espacio de seguridad.


Porque bueno, también el estar por ese lado y entrar a la maestría, para mí fue también toparme con la academia, que me fascina también. O sea, me gusta muchísimo aprender. Me gusta muchísimo acercarme a las personas que están teorizando de cuestiones sociales que son gigantes, pero también ya tengo la sensibilidad de ver la congruencia de esa gente y de la Academia. Las congruencias y las incongruencias que ya son muy visibles para mí, entonces el lado de la academia a mí a mí me gusta mucho, pero me hace sentir a lo mejor no tan cómoda a veces, entonces, bueno, mi trabajo con las comunidades a mí me llenaba mucho, sentía que estaba haciendo como algo por ellas, pero también las insertas como en un contexto en específico, la gente que como nosotros que no somos o yo que no soy parte de una comunidad que estás luego apoyando en cierta forma, tienes que estar muy consciente de desde dónde te posicionas, desde dónde hablas o si invisibilizas otras voces, y bueno, creo que de ahí fue muy orgánico en el sentido de que me sentía cómoda en esos espacios, y que siempre he sido una persona muy, muy sensible a los otros, pero no necesariamente de más chica o en la facultad de Derecho, no necesariamente yo estaba politizada ahí.


Entonces mi transitar por este acompañamiento con las comunidades y mi transitar en la maestría, y mi transitar con otras luchas y otras formas de pensar, me empezó a posicionarme políticamente. Fue muy fácil para mí verlo. Fue ese paso del acompañamiento a comunidades, este lado también de la rama de la Academia, de la maestría, y de ahí, pues empezarme a acercar a las teorías decoloniales y a prácticas decoloniales, porque se dice no es como una teoría, sino son prácticas decoloniales muy diversas, de un montón de lugares, de un montón de gente, un montón de pueblos, que se le puede llamar así o no, pero estas prácticas en contra de lo hegemónico y pues ya de ahí, o sea como el respeto siempre, y pues también posicionándome como parte del Sur, como parte de los países colonizados, como… siempre partes, de tu contexto personal, y desde dónde te ubicas y con quién te relacionas y te hace sentido, ciertas vidas y ciertas prácticas.


Acueducto.- ¿Se puede saber un poquito más tu trabajo con comunidades indígenas que tenías?
Sí, o sea, principalmente eran las comunidades de aquí de Michoacán. Hay cuatro regiones en Michoacán, como los Purépechas que están acá en la Sierra Tarasca y alrededor del lago de Pátzcuaro, los Otomís acá como por Zitácuaro, los Mazahuas, y los de la costa que son Nahuas. Entonces, pues principalmente empezamos a trabajar con los Purépechas. Cuando yo entré incluso mi tesis de maestría fue del del proceso de autogobierno de una comunidad de San Felipe de los Herreros. Tengo mucho que decir ahí, porque justo comenzó siendo un espacio de aprendizaje, pero también a lo largo de mi transitar, me permitió ser crítica desde estos procesos de relación con el Gobierno y de quererse posicionar, de querer que les respeten derechos y les amplíen sus derechos, pero todo lo que conlleva ahí en relación con el Estado, el que se amplía en sus derechos y se les reconozca, porque siempre cuando el Estado lo reconoce, la ley también los limita. Entonces bueno, es este transitar. Mi tesis fue a partir de ahí. La gente de ahí muy querida, tuve una relación cercana con muchas de las personas que estaban en el movimiento. No voy a decir que fue con toda la Comunidad, porque en realidad estuve con las personas que estaban en el autogobierno que eran las autoridades, pero bueno, ahora pienso muy distinto, o muchas cosas distintas a partir de ese acercamiento, pero bueno, fue esta comunidad. También estuve más o menos cercana con y conozco a personas de ahí, y respeto mucho los procesos que lleva la comunidad Cherán, tan nombrada y tan importante acá en Michoacán y en todo México como referente, y bueno, Santa Fe de la Laguna, y varias comunidades de la meseta como Cheranástico, que es Cheran Atzicuirín, así se llama, Angahuan, fueron algunos acercamientos con estas comunidades.

Acueducto.- ¿Cómo das el salto a Café Sur?
Primero café, la idea de poner un café fue mucho de Israel, mi pareja. Esto viene de los contextos. Mi familia es de acá de la costa, la familia de mi papá es de Huandacareo, y yo en realidad mi familia no estaba acostumbrada a tomar café. A nosotros no nos daban café de niños. Y entonces, a raíz de que somos pareja, él viene de la Ciudad de México, pues allá la vida es otra, las dinámicas son otras, y su familia muchos de sus tíos ya estudiaron en la universidad, en la UNAM, tiene tenían ciertas prácticas, pues ya de ciertos acercamientos muy distintos a lo que pasaba por acá, pero bueno, siempre han sido una familia muy, muy cafetera que les ha gustado y parte de su dinámica del día era ir a comer o comer en su casa y luego salirse a tomar café, o tienen café en su casa y tenían sus máquinas, y entonces Israel trabajó de joven en una cafetería. El dueño de la cafetería era un agrónomo apasionado, entonces a él le platicaba un montón no sólo del café en sí, sino como de las prácticas acá de la siembra del café, de la planta, del desarrollo del fruto, entonces a él desde le gustó un montón, porque llegó por esos 2 lados.


Él siempre tuvo una ilusión de poner un café y ya después, a partir de que estamos juntos, pues fue como una ilusión conjunta.
Me acepto yo como un poco desfasada en eso, yo fui aprendiendo a raíz de estar con él a tomar café. Digo, no porque se tenga que aprender, pero como a apreciarlo más, e incluso a necesitarlo. Porque mi familia pues ahora ya toma café, pero no es como que lo busque tanto, lo necesite o tengan café en la casa, no. E incluso yo siempre decía, como cuando iba a las comunidades, como “¡No manches!”, porque allá luego no había café, o tenían mucho café soluble, entonces yo sufría un montón por café, pero luego decía, bueno, es que esto es lo que hay, ¿No? Y yo no quiero nunca ser la que no puede tomar cualquier café, porque también es cultural, súper cultural. También en ciertos estados está mucho más desarrollado como por lo que sé, en Michoacán también tiene como plantas desde hace mucho tiempo, pero siempre se ubican como Chiapas, Oaxaca, entonces es muy cultural, y yo no venía de ahí.


Entonces se hizo un proyecto conjunto. Yo ya empecé a tomar café, en nuestra casa teníamos café, salíamos a cafecitos, cuando estaba haciendo mi tesis me gustaba visitar otros cafés, tomar un café, disfrutarlo y estar escribiendo, leyendo. El plan de poner Café Sur era en el año 2023. Fue 1 año como complicado en muchos sentidos personales y no se pudo llevar a cabo en el año pasado. Pero bueno, ahora pienso que cada café o espacio tiene su tiempo. Cuando pensamos en el nombre, a mí se me vino muy en automático como Sur.


Lo pensé obviamente en muchos sentidos, no tan no tan profundo, o sea, obviamente la palabra Sur representa muchas cosas que ahorita las puedo decir, pero también es un nombre corto, es un nombre que me representan y entonces yo lo sugerí, “¿Qué tal que le ponemos Sur?”. Luego, ya sabes que para ponerle un nombre a un lugar es complicado porque tiene una cierta identidad, e Israel lo aceptó y dijo “Ah, me late, me late”, y entonces fue así como súper automático y fue como “Va, va, así”. Y la verdad, pues solo teníamos el nombre.


Y se fue construyendo, Fíjate que esto de los grabados y el arte, este tipo de arte también muy, muy mexicano, un día estábamos en Oaxaca de vacaciones, hace ya un tiempo, y caminando por las calles vimos un montón de grabados pegados en la pared de las calles.

Entonces, seguimos al colectivo porque estaba su página, ahí se llama Colectivo Subterráneos, y empezamos a ver su trabajo y dijimos, “¡Ay, qué padre! Qué bonitos grabados”, porque aparte en Oaxaca en el centro de la ciudad hay muchos grabadores. Lo que sí teníamos claro era que el espacio queríamos que estuviera lleno de plantas. Ahí van, las plantas crecen a su ritmo, pero era el plano, que fuera una selvita, ese era el inicio, pero después como es una pared blanca lisa, dijimos, “Ay, ojalá estaría padre ponerle un mural, pero a ver, ¿Quién nos hará un mural?” y entonces a mí se me ocurrió, me acordé de los grabados y sabíamos que tenían unos muy grandes, entonces les escribí para preguntar si los vendían. Decidimos comprarlos, nos los mandaron, y ya los pagamos y nos gustó un montón, porque a partir de ahí, creó una esencia de grabado, que me encanta.


No lo sé, no lo sé hacer, a mí me encantaría entrar a un taller, pero no es que seamos expertos de grabado. Ahora, a raíz de ponerlos es que se ha acercado gente que lo hace. Y a mí me encanta, admiro un montón sus trabajos, pero fue así como fue tomando su esencia.

Acueducto.- Nos contabas que había más significados para el nombre Sur.
Con mi construcción. Con mi contexto, bueno, a partir de mi contexto, de mi formación académica de alguna forma y de mi acercamiento activista también en su momento, o de acompañamiento con comunidades y pues mi sensibilidad es siempre, pues a mí me da el Sur para mí, pues primero con los países del sur global, los países colonizados, reivindicar la cultura, las prácticas, la teoría, la historia contra lo hegemónico que siempre nos han dicho, es como muy enfocado a eso lo decolonial, partiendo desde que la Colonia fue el momento en el que llegaron a nuestros países, nos colonizaron en cuanto a conocimientos, en cuanto a cultura, en cuanto a religión, en cuanto a un montón de cosas. A partir de ese momento que se perdió y se permeó muchas, muchas cosas en las culturas que ya habitaban estos territorios. Entonces, pues ahora lo que nos enseñan en la escuela desde los libros de texto, en las primarias, y todo como los filósofos, todos los autores son principalmente hombres, y también muchos de estos son hegemónicos, lo que pasaba en el norte global a partir de ahí se narra nuestra historia, y a partir de esas prácticas se narran nuestras culturas, e incluso nuestros intereses, nuestras formas de vernos, de querer aspirar. Entonces tiene un trasfondo así, gigante.


Lo descolonial va por ese lado. El empezar a nombrar desde acá. Empezar a visibilizar autores, personas, mujeres, hombres, que desde el Sur siempre han nombrado otras prácticas, que han nombrado desde hace mucho tiempo el cómo se vivió acá la historia que nos contaron muy distinta. Y tiene mucho que ver con el Contextualismo Radical que desde lo descolonial se usa mucho, que es darnos cuenta de que todo es político. Desde que el mapamundi en donde plasman a los países nosotros estamos abajo, el norte está arriba, pero pues sabemos que la Tierra es esférica, entonces podemos posicionar para nosotros el mapa como nos dé la gana, puede ser “nuestro sur es nuestro norte”, hay una frase que dice así, entonces todo es político. Y el nombrar desde ciertos espacios invisibiliza otros espacios, reivindicar y empezar a nombrar desde otras formas, desde las prácticas del sur, que son tan diversas. Son muchísimas. que también las personas que nombraron la historia fueron muchas y que se fue construyendo a través del tiempo, pero que lo hacían también desde quiénes eran, cuál era su contexto de vida y desde qué país están hablando. O sea, hablaban de los países del sur sin haber ido al sur, por ejemplo.
Entonces nosotros en nuestro espacio, con nuestra gente, con nuestra cultura, con nuestro territorio, son prácticas y vivencias totalmente distintas desde otro lado, y no puedes saber qué pasa en otro lugar si no estás ahí y eres parte.


Acueducto.- ¿Cómo ha sido este mes y medio post apertura?
Ha sido muy Interesante. Quisiera nombrar a las personas que nos han como acogido un montón. Nosotros tuvimos la fortuna de pues de reencontrarnos con un chico que se llama Daniel Maya. Tiene un cafecito que se llama extintos. Este y él, pues, nos dio un curso. Nosotros comprábamos café para nosotros y un día nos lo topamos. Ahí nos le platicamos, pues que queríamos abrir un café. Lo teníamos en la mente desde hace un montón de años, pero no se concretaban las cosas, y él sabe mucho, tiene mucha experiencia porque ha estado en varios cursos y también es apasionado, ha ido a las fincas. O sea, no sólo por ser barista, sino porque le apasiona todo el proceso que conlleva el café de especialidad, que es saber la trazabilidad del café, es decir, desde la finca, el cuidado que se le da a la fruta y después la labor que hace el tostador tostar el grano de determinada forma que le saque sus mejores caras, y después los baristas, las personas que preparan el café también cuidan ese proceso, que viene desde los que cultivan para que recibas un café que te sepa varias notas, que tenga olores y sabores muy diversos.


Entonces, él nos dio un curso y nos incluyó a la comunidad del café aquí en Morelia, porque no la conocíamos en realidad, y resulta que nos dimos cuenta que había una comunidad ya importante de gente que tiene cafecitos, pero también de gente a lo mejor que no tiene cafecitos pero que trabajan en café, o gente apasionada del café, entonces al tener amistad con ellos también creemos que nuestros círculos han sido muy afortunados, muy diversos, también los espacios en donde nosotros nos relacionamos. Eso ayudó mucho a sentirnos muy acogidos, porque en realidad un montón de amigos sabían que queríamos abrir un café y desde hace mucho tiempo nos preguntaban cuándo, entonces, al momento de abrirlo sentimos mucho apoyo de nuestros amigos.


Pero también a partir de la apertura, nos recibieron la comunidad de cafeteros o de amantes del café, vinieron a visitarnos, a conocernos, a consumirnos. Nosotros también lo hicimos siempre, incluso antes de abrir y después de abrir andamos por esos lugares. Los fines de semana no abrimos, entonces muchas veces queremos un café y si andamos en la calle, pasamos a visitar a nuestros amigos. Creo que coincidimos con Dani y algunos de sus amigos también de Sibarita que es Jerry, Sam de Casa Caucho, ellos pues como muy de comunidad, muy de compartir, nada de que “este es mi café y esta es mi receta y no te digo cómo lo hagas”, o sea, al contrario, compartiéndonos todos sus conocimientos, incluyéndonos un montón. Entonces eso se sintió a raíz de que abrimos. Mucho apapacho, mucho apoyo por nuestros círculos y por este lado del café.


También muchas personas que vinieron a conocernos, a compartirnos sus conocimientos e incluso a preparar con nosotros, a traernos granos, a preparar con nosotros, a enseñarnos. Y sí, ha sido muy interesante en realidad, porque en este poco tiempo hemos conocido muchas personas nuevas y muchas personas muy lindas con nosotros, que se han portado muy, muy chido y que están en esa sintonía de compartir y de hacer comunidad.


El café, como todo café, va agarrando su propio ritmo. Un cafecito que solo vende café principalmente, pues siempre le digo a Israel que tiene como 2 personalidades, uno en la mañana, que si te incita más de “voy a entrar y llevo mi café y me salgo”, a lo mejor alguien que quiere estudiar y leer, y en la tarde en la en la hora dorada que baje el Sol se pone muy bonito porque prendemos unos foquitos, y como que te da te incita como a echar el chisme con quién te vengas a compartir. Entonces siento que en la tarde te incita como más, porque aparte se pone fresco, a quedarte más tiempo y platicar. Entra y sale gente con un ritmo de un café, supongo.


Acueducto.- Eres una mujer emprendedora. De pronto es complejo emprender en Morelia, hay negocios que van y vienen. ¿Para ti cómo es? ¿Qué tan complicado ha sido instalarte como negocio como mujer joven emprendedora en Morelia?
Bueno, yo creo que somos muy afortunados. Que el poner este café fue por una ilusión de ponerlo. Ahorita sí fue un reto, pero teníamos como mucha determinación de hacerlo, porque bueno, no sé, tenemos amigos que tienen negocios y que y que incluso decían que no es tan fácil abrir un espacio. En Morelia, yo pienso que no sé, esa es mi percepción, que en este tiempo se han abierto muchos cafés, pero también muchos lugares muy de personas de aquí mismo, muy locales y como que ha tenido un movimiento más turístico, no sé, pero ha habido como apertura de espacios en un momento.


Yo desde el año pasado dejé de trabajar en una oficina de Gobierno que trabajaba con fines a poner el café, pero bueno, no se daba en esos meses. Entonces para mí sí significaba como una cuestión de sostenimiento económico. Mi pareja tiene un espacio de base, él es abogado también y tiene su espacio, y ese era como el sustento. Lo leemos siempre como que somos afortunados porque tenemos ese otro espacio que nos sostiene que no un ingreso tan grande, pero el hecho de tener una casa propia donde no pagas renta, para nosotros nos permitió también poderlo hacer, porque sabíamos que iba a llevar su ritmo, porque uno no busca hacerse rico para nada, pero pues necesitas vivir de alguna forma, y un café lleva un ritmo y no es como que vaya a cubrir todas tus necesidades que se tiene en esta vida moderna, desde gasolina y cuestiones de servicios. Entonces el hecho de tener un espacio propio fue una cosa importante, porque las rentas te pueden comer y sabemos que la gente que lo hace es con muchísimo esfuerzo. A mí cuando antes de abrirlo, pero que ya teníamos mucho la idea, y enterarnos de que abrían y abrían y abrían espacios, si era como como sentir porque yo creo que el mercado es una constante premura, y una constante preocupación y un constante competir, y sí decía yo como “Ay no manches, ¿Qué tal si abren uno muy cerca y entonces este ya nadie va a querer venir?” o pues hay mucha competencia. Pero ahora pues siguen estando estos espacios, pero pienso que hay para todos en realidad, y más creo que se ha dado esto de mucha comunidad, porque si te apoyas entre todos también las cosas son bien distintas. Me refiero a que consumes en espacios de tus amigos, le dices a tus amigos, les recomiendas lugares de otros amigos, pero también varías entre unos y otros. Lo lo diversificas porque también Café Sur no es solo un café, eso va empezando, pero queremos que sea un espacio donde haya talleres, donde también se den ciertos espacios de compartir, de lo que sea, artísticos, de lectura. Pero pues ahí va, apenas va empezando, pero sí, en realidad siempre se pensó como un espacio no solo de café, sino de compartir todo, conocimientos, pláticas, contextos no sé lo que sea.

Acueducto.- ¿Qué sueñas para Café Sur?
Termino una idea. El hecho de tener este otro ingreso que de momento no lo tenemos porque él pide una licencia, entonces estamos metidos los dos. Bueno, eso creo que sí es importante. En un inicio yo iba a ser la que lo abriera sola, entre comillas, pero ahora que él pidió una licencia, las licencias son sin goce de sueldo, pues yo creo que no lo hubiera podido hacer sola. Se necesita mucho de mucha cooperación, de hacer un montón de cosas para tener como todo listo, y para poder funcionar más o menos bien.


Siempre fue con esa conciencia de querer disfrutar del espacio, de querer dejarlo a su ritmo, de sabernos afortunados en el sentido de tener un espacio propio y no tener que pagar renta. Obviamente se requieren de muchas cosas, pero poder saber que tenemos un sustento mínimo, pero está ahí, y sabernos afortunados por eso. Entonces el saber eso nos permitió o nos está permitiendo llevar el café a su ritmo, porque yo sí creo que es complicado abrir un negocio cuando es como tu único sustento, y porque necesitas variarle. A lo mejor buscar qué es lo que más te consumen, meterle más cosas para que se mueva mucho más. Entonces ahorita quisimos ser fieles a dejarlo a su ritmo. Porque tenemos esa posibilidad en parte, ahorita estamos también viviendo la experiencia de tener todo muy al día, pero también como un aprendizaje y sabiéndonos como muy afortunados en ese sentido.


Entonces bueno, para futuro de Café Sur, principalmente sí lo vemos como que se convierta a un espacio de muy diverso, o sea, de un espacio cultural, un espacio de aprendizajes, un espacio de compartires, como talleres, que quien quiera lo pueda usar para para estos fines.


Desde un inicio eso sí lo tuvimos muy claro, que el espacio estaba ahí si alguien nos sugería venir, no sé, a presentar sus libros o presentar sus poemas, yo que sé, o querer dar un taller, nosotros encantados. Eso lo vemos, Café Sur en unos meses más como muy dinámico en ese tipo de actividades de forma alterna o el café, pero principalmente lo vemos como convertido en eso.
Nos decían unos amigos no que en un momento si también pide mucha demanda, bueno, porque es un espacio pequeño, tiene ciertas restricciones. Sanitarios, por ejemplo, porque se complica también el hecho de que sea tu casa, que lo compartes con tu casa tiene sus pros y sus cosas, pero. Pues sí, nos decían que si en algún momento va a tomar su ritmo, y si nos lo pide así, capaz que nos terminamos mudando a otro lado y lo abrimos todo como un espacio cultural o de lo que se. No. Pues a lo mejor así lo visualizamos en un futuro próximo.


Acueducto.- ¿Algo que agregar que la gente deba saber de este espacio?
Creo que para nosotros es importante que la gente se sienta recibida, que el espacio sea un espacio seguro, un espacio de respeto, un espacio donde la gente pueda sentirse acogida, respetada, cómoda y pues bienvenidos todos.