Especial de Homero Lemus
Morelia, Mcih. | Acueducto Online.- Omar e Iryna son el retrato fiel de una guerra. Dos Jovenes, él mexicano, ella ucraniana que hicieron todo lo posible por lograr su objetivo: salvar su vida del conflicto y llegue a Jacona, Michoacán.
Desde el pasado 25 de febrero y a unas horas de iniciar el conflicto bélico es objetivo fue localizar a dos michoacanos radicados en el país eslavo: uno Aldair Mimbela, el otro el propio Omar Aviña, uno oriundo de Lázaro Cárdenas, el otro jaconense.
El 26 de febrero tuve el primer contacto con Omar, a través de las redes sociales y del whatsapp pudimos establecer comunicación, su hermana Denisse fue la intermediaria.
Esa primera grabación reflejaba a un joven ataviado, con el clamor de salir, pero con el deseo de irse fuera como fuera con su pareja Iryna por quien precisamente estaba en ese país, desde un mes y medio atrás, en la búsqueda de realizar un compromiso para casarse y formar una familia.
Fueron tres días en los que el envío de mensajes de Omar en los que él estaba resguardo en el metro de Kiev, capital de Ucrania, ciudad atacada por el ejército ruso por tierra y aire. “Las bombas se escuchan, la gente huye y buscamos resguardarnos”, describía el maestro de Idiomas y practicante de las artes marciales del Wushu.
Omar buscaba la forma de garantizar la salida y escape de Ucrania de él y su pareja a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y con el acompañamiento del Gobierno de Michoacán.
El miércoles pasado se pudo lograr el objetivo: Omar pudo salir de la zona de conflicto con Iryna y viajar a Rumania, lugar en el que saldría un vuelo humanitario con paisanos mexicanos, ucranianos y latinoamericanos con destino a la Ciudad de México.
De regreso a México
Fueron más de 26 horas de vuelo con escalas en Irlanda, dos en Canadá para finalmente arribar a la Base Aérea Militar del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
En el sitio imperaba la desorganización y el deseo mediático de tener declaraciones de familiares. El acceso a representantes de gobiernos estatales estaba negado.
De tal suerte que al estar en contacto con la familia del joven de Jacona me hice pasar por su primo; de esa forma logré acceder a estar con los familiares de al menos 40 mexicanos que venían en este vuelo.
Padres y madres angustiadas, la mayoría agradeciendo la ayuda celestial para volver a ver a sus hijos. El personal de Relaciones Exteriores dio un trato cercano, pero no permitió el acceso a presenciar la llegada del vuelo.
Nos limitamos a observar a través de las redes sociales el cómo arribaban los connacionales entre mariachis, risas y llantos. Las decenas de medios de comunicación eran los privilegiados para capturar esos instantes.
Eran cerca de las 02:00 horas del viernes 4 de marzo, casi 7 días después del primer contacto con Omar, el segundo de los autobuses con pasajeros por fin se acercaba. Asediado por las cámaras y reporteros logró descender del vehículo, lo ayudé con su equipaje y con el de su novia. Ella con velocidad abordó el vehículo que nos llevaría a Morelia durante la madrugada.
Tras más de 20 minutos atendiendo entrevistas por fin inició el regreso, fueron horas de camino para arribar a la capital michoacana que se convirtieron en horas de experiencia para un servidor sobre el horror de una guerra trasnacional.
No es lo mismo
“Aquí (en el país, en Michoacán) muchos dicen que también vivimos una guerra, pero aquí la gente se puede despertar e ir a desayunar, leer las noticias, salir a la tienda, pero allá no, allá no sabes en qué instante el espacio en donde estás será atacado, son ignorantes los que no quieren, a pesar de las condiciones que vivimos, el comparar lo que se vive en México a ser bombardeada la población civil”, compartió Omar.
Iryna Volkova, su pareja, Doctorante en Derecho Internacional, visiblemente ataviada, me compartía en inglés su sentir, algunas otras frases en español en las que reflejaba el dolor que representaba para ella esta guerra que mata a sus hermanas y hermanos ucranianos.
“No estoy tranquila, mi madre es doctora y está ayudando en la guerra, mi padre está a disposición del Ejército, deje a mi familia allá, pero al menos están tranquilos de que yo estoy a salvo. Dejé una vida entera”, comentaba.


El arribo a casa
La llegada a Morelia fue cerca de las 06:00 horas, descansar unas horas, un baño y saludar al gobernador, Alfredo Ramírez Bedolla, al secretario de Gobierno, Carlos Torres Piña fueron momentos en los que Omar pudo compartir su sentir.
Finalmente ese último recorrido a Jacona parecía increíble para ambos. Los familiares de Omar habían adornado en español, inglés y ucraniano con frases de aliento y motivación para ambos.
Una vivienda humilde, en la que su mamá es estilista es una de las colonias populares de Jacona fue el espacio para el reencuentro sellado con un abrazo de su madre.
El objetivo personal se cumplió: coadyuvar en la llegada del joven michoacano, quien dicho por el mismo “llevaré un mensaje de paz, de amor y que no comparemos nuestro estado”, externó.
La historia de Omar e Iryna apenas es el comienzo, el comienzo de un camino distinto, en el que ojalá exista un cese al fuego, y logren regresar a Ucrania, reencontrarse ambas familias y vivir en paz, solo eso vivir en paz.






