Morelia/Redacción
México es el segundo país más peligroso para ser reportero, tan solo por debajo de Afganistán y Siria, países en guerra. Desde el año 2000 hasta la fecha, se han asesinado a 104 periodistas y 25 más están desaparecidos; en el 2016, fueron asesinados once periodistas, la cifra más alta en este siglo en México.
Hoy, en los primeros cuatro meses del 2017, cuatro reporteros han sido asesinados impunemente en distintos estados de la República, a las afueras de su casa, saliendo del centro comercial, llevando a sus hijos a la escuela o simplemente descansando.
Maximino Rodríguez Palacios fue el cuarto periodista asesinado, saliendo del centro comercial frente a su esposa, en Baja California Sur. El primero fue el pasado 2 de marzo, cuando Cecilio Pineda Brito fue acribillado en Guerrero; el 19 del mismo mes, Ricardo Monlui Cabrera fue asesinado en Veracruz; el pasado 23 de marzo la periodista Miroslava Breach Velducea fue asesinada en Chihuahua, con un mensaje que decía “por bocaza”.
Aunque ya se ha presentado ante Miguel Ángel Osorio Chong y el procurador general, Raúl Cervantes la urgencia de activar la protección federal a periodistas, hasta el momento no se tienen resultados.
En el mes de marzo, siete periodistas fueron baleados, tres de ellos fallecieron, y existen al menos 800 demandas por acoso de funcionarios y políticos a reporteros, (los cuales amenazan más a los reporteros que las mismas células delictivas que operan en el país, de acuerdo con la información de Gobierno), de estas demandas, solamente dos han tenido sentencia. Los motivos varían, pero siempre es por hacer bien su trabajo, por una investigación bien cimentada que podría derrumbar a más de uno o dos poderosos, aunque desde luego no faltan los reporteros que cambian de bando y se unen a los cárteles.
La instancia creada para defender la libertad de expresión, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión (FEADLE), solamente ha resuelto 2 casos. Uno de los más polémicos fue el asesinato de Moisés Sánchez Cerezo en 2015, periodista veracruzano quien fue sacado, literalmente a rastras de su casa, frente a su familia. Días después fue encontrado despedazado y en bolsas negras.
La FEADLE se negó a registrar los testimonios y a registrar las amenazas, aunque cuando se cumplían seis de las nueve causales para tratar el caso como desaparición forzada y homicidio.
Aunque a los periodistas en ciertos casos se les ha sido entregado equipo de auxilio como botones de pánico, equipo de vigilancia o incluso guardias armados, esto nunca resulta suficiente. Inclusive, el número de periodistas que han sido puestos bajo la protección del gobierno rebasa los cientos; en un país donde más del 98 por ciento de los homicidios quedan impunes, el silencio de las voces que gritaban la verdad va matando poco a poco la libertad de expresión, dándole lugar al miedo y a la impunidad, inclusive a la indiferencia.
La impunidad de delitos cometidos contra periodistas es todavía peor, es de un 99.75 %.





