De Ayotzinapa hasta Tiripetio, un grito contra la represión

Con paliacates a medio rostro o playeras improvisadas como pasamontañas, llegaban una tras otra las columnas de estudiantes de las normales del estado y de Ayotzinapa

(Foto | Cayetano Mac)

Morelia, Mich. | Cayetano Mac/Acueducto Noticias.- Con paliacates a medio rostro o playeras improvisadas como pasamontañas, llegaban una tras otra las columnas de estudiantes de las normales del estado y de Ayotzinapa. Junto a ellos, automóviles pintarrajeados con consignas sobre la represión del 15 de octubre de 2012 acompañaban la protesta.

Quienes ya habían iniciado la marcha desde Tiripetío se sumaban al contingente, extendiendo carteles, ondeando banderas y haciendo sonar las latas de pintura como sonajeros. Los cohetones marcaban el paso firme sobre avenida La Huerta, mientras las filas de manifestantes crecían.

Al unísono, los normalistas avanzaban coreando consignas. Los comercios cercanos cerraban sus cortinas, presa del pánico. Las letras en negro y carmesí denunciaban los abusos de la autoridad cometidos hace más de una década.

(Foto | Cayetano Mac)

Todo parecía una jornada más hasta que los manifestantes se encontraron con miembros del Agrupamiento de Restauración del Orden Público, quienes resguardaban el Palacio de Justicia. El edificio, no ajeno a la problemática, fue blanco de la furia de los estudiantes. Piedras, cohetones y bombas molotov hicieron retroceder a los uniformados, incapaces de contener a la turba enfurecida.

Los explosivos más potentes destruyeron la entrada principal, haciendo caer astillas de los marcos de madera a más de 10 metros de distancia. El humo cubría el ambiente y un solitario bombero intentaba apagar las llamas que consumían una de las ventanas alcanzadas por las molotov.

Sin más oposición, los normalistas continuaron hacia el monumento a Lázaro Cárdenas, destruyendo señaléticas a su paso. Algunas eran arrojadas al suelo, otras se usaban para bloquear las calles. Cuando se les preguntaba sobre el motivo de su enojo, guardaban silencio.

(Foto | Cayetano Mac)

Curiosos, transeúntes y conductores detenían su marcha para tomar fotos de los destrozos al mobiliario público y los edificios. Un grito desde el contingente pedía el cese de la violencia, llamado que fue acatado por los demás manifestantes. El recorrido, a partir de entonces, cambió de tono. Las explosiones fueron reemplazadas por reclamos dirigidos al gobierno, motivados por la reciente agresión a tiros de uno de sus compañeros.

Finalmente, llegaron al Palacio de Gobierno, símbolo del poder ejecutivo local y foco del repudio de los manifestantes. Ahí, en el corazón del mitin, recordaron a los compañeros de la normal de Tiripetío, a los desaparecidos de Iguala y a las víctimas de la represión estatal desde Tlatelolco hasta los hechos más recientes en Morelia.