Morelia, Mich. | Alfredo Soria/ACG.- Daniela Verduzco Gómez no creció con un mapa trazado hacia el espacio. Antes de elegir Ingeniería Mecatrónica en la Universidad Vasco de Quiroga, pensó en estudiar arte o neurociencia. Le gustaban las estrellas, sí, pero nunca imaginó que algún día aplicaría a un programa aeroespacial internacional.
“Jamás me imaginé que yo iba a aplicar algo para la NASA”, cuenta la joven moreliana de 22 años, quien actualmente se prepara para participar en noviembre en el International Air and Space Program (IASP), de AEXA, una experiencia que combina desarrollo de proyectos, retos de investigación y actividades de entrenamiento vinculadas al ámbito aeroespacial.
La historia comenzó casi por curiosidad. Daniela conoció el programa por otra joven que había participado años atrás y, al escuchar que se había ido a una experiencia relacionada con NASA, su primera reacción fue de asombro: “¿Cómo que se va a la NASA?”. A partir de ahí buscó información, revisó redes, investigó el proceso y decidió intentarlo.
El IASP, según relató, tiene dos grandes componentes: una parte de investigación, en la que los participantes deben resolver una problemática mediante trabajo en equipo, y otra de entrenamiento aeroespacial, con actividades como pilotaje, pruebas de microgravedad y ejercicios de flotabilidad.

Para el primer filtro, Daniela tuvo que presentar una propuesta de proyecto. Eligió un tema que une su formación en mecatrónica con su interés por la ingeniería biomédica: los ciclos circadianos de los astronautas, es decir, los ritmos que regulan el sueño y los periodos de actividad.
Su idea consiste en utilizar señales biométricas para regular la iluminación dentro de una estación espacial, de acuerdo con el estado físico y mental de la tripulación: qué tan activos están, cuándo empiezan a presentar cansancio o en qué momento podrían requerir cambios de luz para mejorar su rendimiento.
“Quiero hacer un proyecto que tenga que ver con biomédica y que pueda servir para el espacio”, explica Daniela, quien encontró en la salud de los astronautas un punto de encuentro entre la tecnología, la investigación y el sueño de participar en proyectos de alcance internacional.
Después vino la entrevista virtual. Primero le preguntaron quién era, de dónde venía y cuáles eran sus intereses; luego, la conversación fue en inglés, con preguntas sobre el espacio y sus motivaciones para integrarse al programa. Al terminar, le dijeron que recibiría respuesta en un plazo de tres a cinco días hábiles.

La espera se alargó. Pasaron cinco días, luego seis, luego siete. Daniela pensó que tal vez no había sido aceptada. Hasta que, en plena clase en la UVAQ, durante una práctica, llegó el correo: “Felicidades, has sido aceptada”.
No gritó, aunque quería hacerlo. Se salió del salón y lo primero que hizo fue llamar a su mamá: “Sí quedé, sí quedé”. Su familia había sido parte del impulso; su madre la animó desde el inicio a intentarlo, incluso si no era aceptada en el primer intento.
Para Daniela, la experiencia representa mucho más que un viaje. Espera convivir con jóvenes de otros países, generar contactos, desarrollar proyectos, conocer astronautas y aprender más sobre el espacio. “Me imagino una experiencia de otro mundo, literal”, dice.
La preparación ya comenzó desde Morelia. Aunque sigue con entregas finales en la UVAQ, dedica tiempo a reforzar su inglés, estudiar y documentarse sobre el programa. También planea mejorar su condición física, pues una participante anterior le recomendó llegar preparada para las exigencias del entrenamiento.

Además de estudiar, Daniela trabaja en Citelis, en el área de mantenimiento de equipos de centros comerciales. Para ella, esa experiencia también suma a su formación como mecatrónica, porque involucra sensores, actuadores y sistemas industriales. Parte de sus ingresos, cuenta, los destinará a cubrir los gastos del programa.
Su mentalidad es clara: va a competir. En el programa, explicó, la problemática a resolver se da a conocer hasta que todos los participantes están reunidos, para que nadie tenga ventaja previa. A partir de ahí, los equipos deben desarrollar una solución. “Sí estoy yendo con la mentalidad de ganar, porque sí es una oportunidad increíble”, afirma.
Pero incluso si no gana, Daniela lo ve como una puerta abierta. Participar le permitirá sumar aprendizaje, contactos y una experiencia internacional relacionada con el ámbito aeroespacial. “Gane, pierda, la experiencia en sí es ya un mega ganar”, expresa.
Daniela también se permite soñar más lejos. Le interesa la aeronáutica, ha tenido acercamientos familiares con el pilotaje recreativo y sigue la trayectoria de Katya Echazarreta, a quien identifica como inspiración. Al ver lo que logró, pensó que algún día también sería posible construir una ruta propia hacia el espacio.

No se imagina ese camino como algo inmediato. Sabe que una carrera espacial requiere experiencia, preparación y paciencia. Aun así, no descarta que su formación en mecatrónica pueda llevarla algún día a trabajar en proyectos relacionados con la Estación Espacial Internacional.
“Estaría increíble que de las siete personas que pueden estar en la Estación Espacial, pueda yo ser una de ellas”, dice.
De aquí a diez años, se visualiza viviendo en otro país, trabajando en proyectos de biomédica o desarrollando tecnología capaz de impactar la vida de las personas. No tiene una ruta cerrada, pero sí una convicción: luchar por lo que quiere, sin cerrarse a que la vida también pueda abrir otros caminos.
El viaje está previsto para noviembre y coincidirá con su último semestre universitario, justo cuando sus materias se integran en proyectos colaborativos. Aun así, confía en que podrá adelantar trabajo o ponerse al corriente. “Sé que me va a costar un montón”, reconoce, pero también asegura que se siente capaz de hacerlo.
Por eso, cuando piensa en otros jóvenes que sueñan en grande, Daniela resume su propia historia en una frase: intentarlo, incluso con miedo. Ella también dudó, también pensó en la posibilidad de no ser aceptada, pero decidió aplicar.
“Aunque tengas miedo, hazlo. Aunque sientas que no puedes, hazlo, inténtalo y no te rindas”.





