*La inteligencia artificial tiene datos, pero no conoce al paciente: advierten riesgos en la salud al sustituir al profesionista
Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Demandarle a una inteligencia artificial que elabore una dieta o recurrir a ella como si fuera un psicólogo puede ofrecer respuestas inmediatas, pero también implica confiar decisiones delicadas a una tecnología que no conoce realmente a la persona que tiene enfrente.
Flor de María Tavera Ramírez, coordinadora general de Posgrados de la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ), advirtió que estas herramientas pueden facilitar el trabajo de los profesionistas, aunque no deben reemplazar su preparación, experiencia ni responsabilidad.
“Generalmente pensamos que la inteligencia artificial va a hacer el trabajo del profesionista, y no; debe ser una herramienta con la que se apoya el profesionista”, explicó durante una entrevista.
Un nutriólogo, ejemplificó, puede utilizarla para calcular porciones o relacionar alimentos con su aporte calórico. Sin embargo, el resultado necesita ser revisado por alguien capaz de valorar las características y el estado de salud de cada paciente, especialmente cuando existe algún padecimiento o un trastorno de la conducta alimentaria.
La preocupación aumenta en el terreno de la salud mental. Tavera señaló que una plataforma puede procesar grandes cantidades de información, pero sus respuestas no equivalen a la valoración personalizada ni al acompañamiento que brinda un especialista con formación profesional.
“Finalmente no es un humano”, subrayó al referirse al riesgo de que una persona dependa de la inteligencia artificial para enfrentar problemas emocionales o psicológicos.
Para la académica, utilizar responsablemente estas tecnologías no significa rechazarlas, sino conocer sus alcances y mantener el criterio humano detrás de cada decisión. La rapidez con la que producen textos, cálculos o recomendaciones tampoco libera al profesionista de revisar la información y responder por su aplicación.
Este avance tecnológico, añadió, obliga a mantener una preparación constante. Consideró que el conocimiento adquirido por un profesionista no representa únicamente un beneficio individual: también repercute en sus pacientes, clientes, centros de trabajo y en la sociedad a la que presta sus servicios.
En ese proceso, sostuvo, la formación técnica debe avanzar junto con capacidades como el manejo de las emociones y el sentido de responsabilidad. La inteligencia artificial puede ahorrar tiempo y ampliar las herramientas disponibles, pero el juicio, la ética y las consecuencias de cada decisión continúan en manos de las personas.





